lunes, 12 de enero de 2015

UNA ÚNICA RELIGIÓN

Todos somos cristianos. Todos somos musulmanes. Todos somos judíos, budistas, hinduístas y ateos. Todos creemos en un "dios" que dirige nuestra vida, aunque le adjudiquemos distintos nombres. Algunos lo llaman Mesías, otros Yahvé, Ála, Buda y otros simplemente le llaman destino. 
La vida es tan compleja y está concernida por tantos misterios que no somos capaces de imaginar que somos nosotros quienes llevamos las riendas, y necesitamos creer que es otro ente quien nos maneja. Necesitamos a alguien a quien culparle de nuestros males, alguien con quien hablar cuando estamos solos, alguien a quien maldecir en nuestros peores momentos. Para ello tomamos la idea de ese Dios "omnipresente" del que casualmente nos acordamos de él o por costumbre o cuando nos interesa. Un Dios que nos hace hablar con nosotros mismos, y por lo tanto, nos hace pensar. Nos hace replantearnos nuestra vida. Culpamos a quien sea que haya arriba cuando erramos al tomar un camino, pero cuando se llena de rosas nos olvidamos de él. Lo que nadie ve es que Dios somos nosotros mismos. No hablo de la figura omnipoderosa y justiciera que se encuentran en los escritos sagrados, sino del Dios sensato, el Dios que piensa. Somos nuestro propio Dios. No hablamos con nadie cuando "suplicamos al cielo" mas que con nosotros. Es nuestra propia sombra la que se retuerce con nosotros en nuestras noches más fúnebres. Aunque ese Dios "nos lleve en brazos", somos nosotros quienes dejamos las huellas en nuestro camino y somos nosotros los que avanzamos, ya que ese Dios está siempre ahí, y siempre será el mismo mientras nosotros vamos cambiando con el paso del tiempo. 
No digo con esto que esa figura celestial idolatrada no exista. Es verdad que está ahí siempre, pero no arriba, más allá de las nubes, sino en nuestro interior. Todo el mundo compartimos una fe común, todos creemos que hay algo que nos habla y nos guía, aunque cada uno la interpreta de forma distinta. Cristianos y musulmanes no son tan distintos después de todo, ni hay tanta desigualdad entre un judío y un ateo. Todos compartimos los mismos principios, la misma esencia, la misma fe...

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