jueves, 29 de octubre de 2015

OTRO FACTOR DE LA DIFERENCIACIÓN PERSONAL: LA EDUCACIÓN

Si habéis llegado hasta aquí, habréis leído otras dos entradas con anterioridad llamadas Somos iguales "porque" somos diferentes, y La memoria y el olvido, responsables de cómo somos. En estas entradas hablo de la diferencia entre “humanidad” y “persona” o “personalidad”, y de la formación y amoldamiento de la personalidad o carácter personales. Esta entrada será un poco más de lo mismo. Hablaré sobre todo de un factor que, al igual que la memoria, todos tenemos o experimentamos, y aun así nos hace a todos diferentes. En esta entrada voy a hablar de la educación.
Generalmente, cuando se habla de “educación”, se habla de la educación escolar, de la política, etcétera, etcétera, pero aquí voy a hablar de la educación moral. Ya sabéis, esa educación, por ejemplo, que los padres nos imparten desde pequeños. Aunque no lo aparente, la educación es un gran modelador de nuestra personalidad, y aunque no influya tanto en el cambio en sí de la persona como lo hace la memoria, sí que posee un mayor efecto diversificador. Es decir, amolda menos, pero diferencia más, y es en parte gracias a la educación por lo que las más de siete mil millones de personas del mundo somos totalmente distintas entre nosotros.
Al igual que en el caso de la memoria, hay también varios tipos de educación, cada uno con su grado de influencia y diversificación propio, pero por lo general actúa todos de la misma manera, asumiendo valores, por lo que más bien se diferencian estos tres tipos de educación por la vía en la cual uno acoge los valores e su educación. Estas educaciones son:

— Educación ambiental o educación de amistad: Esta educación la forman los valores que uno adquiere de su entorno, tanto entorno físico (lugar donde vive) como sentimental (amigos, relaciones, etc.). Este punto también fue tratado por algunos filósofos, como el gran Karl Marx, y consiste en que el ambiente en el cual uno nace y/o se desarrolla influye en gran medida en el comportamiento de la persona, adaptando principalmente los valores necesarios para la supervivencia y subsistencia del entorno. Por ejemplo, no va a adquirir los mismos valores o no va a adquirirlos mismos de la misma manera un niño que crezca en un barrio marginal que alguien que viva en el centro de Madrid.

— Educación propia: Son aquellos valores que nos inculcamos nosotros mismos, principalmente en momentos de soledad con la esperanza de salir de dicha soledad o de algún problema. El inconveniente principal de este tipo de educación es que no influye con tanta fuerza en nosotros, ya que esta funciona, como he dicho, en situaciones de soledad, indagando en nuestra memoria alguna forma de ser o actuar para adoptar esos valores morales y así poder salir de nuestra situación. Esto implica que si necesitamos algún valor moral que no hemos visto a lo largo de nuestra vida, no podremos inculcárnoslo, por lo que seguiríamos sumidos en esa soledad.

— Educación familiar: Esta es, sin lugar a dudas, la educación moral más importante de todas. Consiste en la educación que recibimos de nuestros padres, abuelos y demás figuras familiares posibles. Es la más importante por dos factores: la prolongación de dicha educación y la etapa de nuestra vida en la que se ejerce, y también por la gran diversidad que crea respecto a personalidades. Esta educación la recibimos desde que nacemos hasta, a veces, más allá de nuestra adolescencia, por lo cual influye en los momentos y etapas de nuestra vida donde somos más vulnerables a los cambios de personalidad, recibiendo gran parte de nuestros valores morales de nuestra familia de forma más o menos directa.
Tal como he mencionado antes, también es vital para que las siete mil millones de personas del mundo tengan personalidades tan dispares, y es debido a nuestra capacidad como animales de imitar lo que nos rodea. Nuestros padres nos inculcan una educación, y cuando nosotros tenemos hijos les transmitimos esa educación, directa o indirectamente, intentando educarles en función de cómo lo hicieron nuestros  padres, tanto intentando imitarlos como evitar su educación. Sin embargo, como no sabemos la verdadera intención que tenían nuestras figuras familiares para educarnos, siempre cometeremos fallos a la hora de educar a nuestros hijos, y estos errores se cometerán sucesivamente con el paso de las generaciones. Estos fallos son, pues, los principales responsables de la diversidad de personalidades.


Ya van la memoria y educación. Espero encontrar pronto otro elemento que influya en nuestro comportamiento para así conocer más al ser humano y a la persona.