Para empezar este post tengo que reconocer que soy un amante de la música. Y no hablo de la música que se escucha ahora que solo sirve para el "chunda-chunda" y restregarse los unos con los otros. Aunque mis propios tímpanos han oído en más de una ocasión que es "música de maricones" (así, literalmente, como suena) no niego que soy forofo de la música pop-rock o pop-folk, pero más que por el ritmo las sigo por los mensajes y emotividad que suelen transmitir muchos de ellos. Me gustaría hablar en especial de una canción, "Things you've never done" (traducido: las cosas que nunca hiciste), cuyo estribillo hizo enamorarme de esta canción (traducido): "Y has apagado todas tus velas una a una, y te maldices a ti mismo por las cosas que nunca hiciste". Desde el primer momento esa estrofa me fascinó, pero no la había meditado tanto hasta hoy. Las cosas que nunca hicimos... No puedo. Por mucho que intente buscarle el sentido, es imposible. Todos los temas del día a día; el amor, la moral, la muerte, etc. Son temas de los cuáles se puede dialogar ya que son asuntos presentes en la vida de toda persona, de una manera u otra pero están ahí.
Sin embargo... las cosas que nunca hicimos... no tiene sentido hablar de ello. Son momento que no pasaron, ni tampoco pasarán. Caminos que pudimos coger en su ocasión en las diversas encrucijadas que ofrece la vida, pero optamos coger el otro sendero. Parece mentira, pero la vida es infinitamente más enrevesada de lo que aparenta. Quizá sea ese el morbo que incita a los pensadores y filósofos a dedicar sus años a pensar sobre esto. Que a pesar de alcanzar la misma cumbre, podemos escalar por tantas sendas como bifurcaciones nos podamos encontrar: infinitas. Este es el por qué no se puede hablar de esto. Son tantos los caminos y tan cortos los momentos en los que tenemos que decidir cuál tomar que no somos capaces de apreciarlos. Nosotros elegimos la vereda, pero la cumbre será siempre la misma. Las cosas que nunca hicimos. Los interrogantes que siempre rondarán en nuestra cabeza, pero a las que no encontraremos respuesta alguna. Senderos que se quedaron con las ganas de ser tomados. Dudas que siempre estarán ahí aunque seamos capaces de ignorarlas. Cosas que, al fin y al cabo, nunca llegamos a hacer.
¡Hola! No hay mucho que contar sobre mí o sobre mi blog. Soy solo un chico normal (o no tan normal) que desea compartir su opinión del mundo con el mundo. Mi blog es un lugar para relajarse cinco minutos al día, pensar y meditar profundamente sobre todo aquello que nos rodea, mirándolo desde perspectivas que no tendemos a imaginar. También es un punto de partida para un pequeño gran sueño... ¿Cuál es? ¡Entrad en mi blog y mirarlo! Eso sí; comentad, recomendad, ¡y no dejéis de visitar mi página!
martes, 27 de enero de 2015
OLVIDARSE DEL PASADO
La historia de muchas personas parece estar sumida en las sombras. Todos tenemos nuestros fantasmas del pasado, esos que ni el fulgor más deslumbrante es capaz de disuadir. Pero para nuestro deber como humanos, que es encontrar la felicidad, necesitamos apartarlos de nuestro camino. Necesitamos avanzar como personas, ya que nadie nace perfecto. Desde pequeños nos marcan esos defectos y momentos concretos que un uno carga durante toda su vida; pero irónicamente, somos nosotros mismos los únicos capaces de dejarlos atrás. Debes saber cuándo parar, cuándo darte por vencido, cuándo saber que has perdido esa batalla en la que te estás jugando todo sin tener por qué. Si no entras en esa razón, no se puede seguir adelante, y serás pasto de algo tan inverosímil y complejo como es el pasado. Te alimentarás del plato vacío de tus recuerdos, que no podrás cambiar más que en tu imaginación, y poco a poco serás consumido por el translúcido velo de la memoria, que empezará a volver cada vez más opaco trastocando tus recuerdos hasta llegar incluso más allá de tu futuro.
Correrás siempre en el sentido de un reloj sin agujas, guiándote en una noche sin estrellas en busca de la luz artificial de una linterna que se apaga y enciende según marquen los viles antojos de tu pasado. Déjalo todo atrás, y céntrate en quién eres hoy y hacia dónde quieres llegar. Todo lo que acabó en el pasado no podrá volver a empezar; por muchas estrellas fugaces a las que le pidas auxilio, por mucho aliento que gastes susurrándole a Dios o al destino tus plegarias mientras te acurrucas en el colchón, aunque pasen más imágenes de nuestros amargos episodios por nuestros ojos que lo que vemos en el día a día. El pasado es el pasado por eso, porque no podemos volver atrás y cambiar nuestras decisiones.
Además, si pudiéramos perdería su gracia, ya que alcanzamos a ser quienes somos por todas esas hostias que nos hemos metido a lo largo de nuestra vida que nos han hecho abrir poco a poco los ojos, aunque a algunos les haga falta algo de ayuda. Lo malo es cuando ya se ha echado el ancla en el pasado. Cuando coges esas gafas de sol del mercadillo con las que no ves más allá de la punta de tu nariz. Cuando parece que estás en un rollo de esos del espacio-tiempo, en un bucle infinito que reproduce una y otra vez la misma historia en tu cabeza en vez de grabar las que vivimos en el presente. Simplemente, cuando no ves. Cuando no escuchas más que la endeble voz de los títeres de tus recuerdos en vez de la que te grita pegado al oído mientras te sumes en ellos. Esos que dicen que viven de recuerdos es porque ni siquiera han intentado levantar la cabeza y ver la luz de día en vez de la oscuridad de sus noches, los que creen que no merece la pena encauzarse hacia otro mar. A esos que solo un milagro de Dios puede salvar o ni eso.
Yo fui uno de vosotros, e incluso lo sigo siendo, pero sé que hay algo ahí. Existe algo por lo que merece alzar la vista y arriesgarse a olvidar tus recuerdos más transcendentales. Solo hay que querer. De 'escritor' a lector. No te lo tomes como una amenaza, represalia u obligación, sino como un consejo. Por mucho que pasen los días y años, siempre estaremos a tiempo de ser felices.
Correrás siempre en el sentido de un reloj sin agujas, guiándote en una noche sin estrellas en busca de la luz artificial de una linterna que se apaga y enciende según marquen los viles antojos de tu pasado. Déjalo todo atrás, y céntrate en quién eres hoy y hacia dónde quieres llegar. Todo lo que acabó en el pasado no podrá volver a empezar; por muchas estrellas fugaces a las que le pidas auxilio, por mucho aliento que gastes susurrándole a Dios o al destino tus plegarias mientras te acurrucas en el colchón, aunque pasen más imágenes de nuestros amargos episodios por nuestros ojos que lo que vemos en el día a día. El pasado es el pasado por eso, porque no podemos volver atrás y cambiar nuestras decisiones.
Además, si pudiéramos perdería su gracia, ya que alcanzamos a ser quienes somos por todas esas hostias que nos hemos metido a lo largo de nuestra vida que nos han hecho abrir poco a poco los ojos, aunque a algunos les haga falta algo de ayuda. Lo malo es cuando ya se ha echado el ancla en el pasado. Cuando coges esas gafas de sol del mercadillo con las que no ves más allá de la punta de tu nariz. Cuando parece que estás en un rollo de esos del espacio-tiempo, en un bucle infinito que reproduce una y otra vez la misma historia en tu cabeza en vez de grabar las que vivimos en el presente. Simplemente, cuando no ves. Cuando no escuchas más que la endeble voz de los títeres de tus recuerdos en vez de la que te grita pegado al oído mientras te sumes en ellos. Esos que dicen que viven de recuerdos es porque ni siquiera han intentado levantar la cabeza y ver la luz de día en vez de la oscuridad de sus noches, los que creen que no merece la pena encauzarse hacia otro mar. A esos que solo un milagro de Dios puede salvar o ni eso.
Yo fui uno de vosotros, e incluso lo sigo siendo, pero sé que hay algo ahí. Existe algo por lo que merece alzar la vista y arriesgarse a olvidar tus recuerdos más transcendentales. Solo hay que querer. De 'escritor' a lector. No te lo tomes como una amenaza, represalia u obligación, sino como un consejo. Por mucho que pasen los días y años, siempre estaremos a tiempo de ser felices.
domingo, 25 de enero de 2015
UNA CARTA DE AMOR, COMO OTRAS MUCHAS
Buenos días, princesa:
Espero que no te moleste que te escriba en una simple hoja de cuaderno, pero es tan grande la urgencia que tengo en escribirte que gasto litros de tinta por ti en cada folio que veo en blanco. Esta hoja es solo una de las muchas víctimas que han muerto apuñaladas por el trazo de mis plumas o ahogadas por océanos de tinta inspirados por ti. Eres la musa que incita mi imaginación, el más maravilloso de mis recuerdos, el alentador fragor que arría mis alas de risueño. Tú cuidas del niño que siempre he tenido dentro y le has cogido de la mano para que cruce por la Avenida de las Tinieblas. Te camuflas en mis letras de enamorado. En las comas de tus guiños coquetos, en los puntos de tus ojos azabache, en el paréntesis de tu sonrisa... Iluminaste mis mañanas con tu amanecer, y ahora solo se pueden apagar con tu ocaso. Eres la curva de mis labios, el brillo de mi mirada parda, esa oración que creía muda que cada noche rezaba a un Dios que creía sordo. Una esperanza tan viva como ilusoria... Te amo al vals de tus latidos, tu respiración marca mis pensamientos y siento más tu vida que a mis huesos. Eres, en definitiva, el haz de luz que hace brillar a mi verdadero yo. Esta es, como las otras tantas que te envié y que te enviaré, una simple carta de amor que necesitaba mandarte. Un vestigio escrito de esos sentimientos que nunca han dejado de aflorar de mi interior. Una prueba de lealtad y sinceridad, y una buena manera para clamar al mundo entero todo lo que siento por ti. Como estas palabras habrán muchas más. Seguirán emanando de mi imaginación estas letras de enamorado, ese canto de aleluya, esa voz entrecortada por tus besos... Gracias por dejarme ser un niño, princesa, gracias por dejarme soñar. Gracias por hacerme creer que la felicidad que pintaban los cuentos de pequeño era real. Gracias por, yendo al grano, TODO.
Espero que no te moleste que te escriba en una simple hoja de cuaderno, pero es tan grande la urgencia que tengo en escribirte que gasto litros de tinta por ti en cada folio que veo en blanco. Esta hoja es solo una de las muchas víctimas que han muerto apuñaladas por el trazo de mis plumas o ahogadas por océanos de tinta inspirados por ti. Eres la musa que incita mi imaginación, el más maravilloso de mis recuerdos, el alentador fragor que arría mis alas de risueño. Tú cuidas del niño que siempre he tenido dentro y le has cogido de la mano para que cruce por la Avenida de las Tinieblas. Te camuflas en mis letras de enamorado. En las comas de tus guiños coquetos, en los puntos de tus ojos azabache, en el paréntesis de tu sonrisa... Iluminaste mis mañanas con tu amanecer, y ahora solo se pueden apagar con tu ocaso. Eres la curva de mis labios, el brillo de mi mirada parda, esa oración que creía muda que cada noche rezaba a un Dios que creía sordo. Una esperanza tan viva como ilusoria... Te amo al vals de tus latidos, tu respiración marca mis pensamientos y siento más tu vida que a mis huesos. Eres, en definitiva, el haz de luz que hace brillar a mi verdadero yo. Esta es, como las otras tantas que te envié y que te enviaré, una simple carta de amor que necesitaba mandarte. Un vestigio escrito de esos sentimientos que nunca han dejado de aflorar de mi interior. Una prueba de lealtad y sinceridad, y una buena manera para clamar al mundo entero todo lo que siento por ti. Como estas palabras habrán muchas más. Seguirán emanando de mi imaginación estas letras de enamorado, ese canto de aleluya, esa voz entrecortada por tus besos... Gracias por dejarme ser un niño, princesa, gracias por dejarme soñar. Gracias por hacerme creer que la felicidad que pintaban los cuentos de pequeño era real. Gracias por, yendo al grano, TODO.
EL CENTRO DEL UNIVERSO
El antropocentrismo (idea que defiende que el ser humano es el centro del universo) se nos ha ido de las manos, y como en todas las ideologías, hemos adoptado su forma más radical. Antes incluso que los comunistas, antes incluso que los nazis, anterior incluso a la política misma. Las personas hemos sido siempre partidarios de un antropocentrismo extremista, pero hasta que no hemos "evolucionado" lo suficiente, no hemos sido capaces de desarrollarlo. Un profesor me dijo una vez: "Cuando un ser humano cometió el primer crimen, el primer asesinato, fue cuando dejó de ser un animal normal para convertirse en persona". Por mi parte, no le veo falsedad ninguna. Para mí nos volvemos humanos cuando usamos el egoísmo por meditación en vez de por instinto. Cuando sabemos lo que vamos a hacer, pero aun así decidimos dar ese paso adelante. Poco a poco, el entendimiento de esa avaricia personal nos terminó de hacer hombres. Aun así se tardaron miles de años, hasta la Edad Media, cuando dimos con la idea de antropocentrismo como forma de explicar ese egoísmo. Esta idea, como todas las demás, no tardó en alcanzar su forma extrema. Gracias a las evoluciones sociales, mentales y tecnológicas hemos podido desarrollar ese antropocentrismo en su versión más exacerbada. Como he definido al principio, el ser humano es el centro del universo; pero como en todo solo sabemos adoptar una postura extremista, o este caso extremadamente literal. El ser humano es el centro del universo. El ser humano. La persona. Uno. Uno es el centro del individuo. ¿Y quién es ese uno? YO. ¿Por qué YO? Porque mi nuestro ego nos hace anteponernos a todo y a todos. Y nada mejor que una sociedad materialista y clasicista como la actual para serlo. Estamos llamados a la ambición desde hace siglos. Estamos llamados a seguir a nuestros antepasados, y ahora más que nunca. Y como con otras muchas enfermedades que ha causado el hombre del siglo XXI, no solo no tiene cura, sino que no dejará de ir en aumento. Solo espero que algún día nos demos cuenta de eso, que esto se está convirtiendo en una enfermedad...
SOLA SOLEDAD
Todo el mundo tiene una preferencia de la que hablar. Unos prefieren hablar de fútbol, otros de arte, otros de astronomía, política, etc. En el campo de la filosofía o del pensamiento ocurre lo mismo. Algunos pensadores prefieren pensar sobre el paso del tiempo y otros, sin embargo, se preguntan sobre la naturaleza o el comportamiento humano. En mi caso mis principales dudas son (al menos por el momento) la soledad y la manía de todas las personas de ir errando una y otra vez. Este post quiero dedicarlo a la soledad una vez más.
Como dije en mi otra publicación "La puñeteramente buena soledad", la soledad está demasiado subestimada. En cuanto surge esa palabra nuestra cabeza la asocia directamente con tristeza. Así la hemos dejado. Hemos cogido a la "soledad" y hemos ido cosiéndole poco a poco estereotipos y mentiras que han ido rodeándola hasta convertirse en una simple hebra en una tela de penumbra y amargura. Esa es la impresión que le hemos dado a la soledad. Un mar de lágrimas y tristeza, pero... si tuviéramos que definir a la soledad, ¿cómo lo haríamos? Es la sensación de quedarse o estar solo,o también (en palabras literales de la RAE) "carencia voluntaria o involuntaria de compañía". Algo tan profundo, algo por lo que todos tenemos que pasar en mayor o menor medida, algo tan propio de la persona como el amor o el odio... ¿A nadie le extraña que tenga un significado tan escueto?
La soledad es, como mencioné también en el post de antes, un desafío que todos atravesamos, y que nos pone a prueba y nos prepara para precisamente las veces que tengamos que luchar por nosotros mismos. Esa es la única y verdadera esencia de la soledad, ya que en ocasiones estar rodeado de gente no colma esa soledad ni aunque sea una gota siquiera. Tomando este reto como referencia tenemos a dos tipos de personas: los que superan la soledad y se hacen fuertes y los que aún no han aprendido cómo superarla. Estos últimos son los que tejen toda la maraña que envuelven a la verdadera soledad. Ellos, amargados, se encargan de encubrir a la verdadera esencia de la soledad solo por eso, por la amargura de ver que ellos no son capaces de superar su propio muro y creen que hundiendo a los demás más de lo que están ellos verán la luz.
Sin embargo... ¿qué pasa con los que superan a la soledad? ¿Qué es de ellos? Esos pasan a un nivel de humanidad superior. Un nivel tangible solo para ellos. Ellos, plenos en su satisfacción de haber superado ese gran reto, ni presumen ni alardean de ello ya que, como han aprendido, a veces es mejor guardarse las cosas para uno mismo. Son ejemplo de vida sin darse a conocer. Ellos, en la soledad, se hacen más fuertes.
Yo sigo con mi compañera soledad sin saber a dónde voy ni a dónde iré, pero voy a gusto, cómodo, sin incordiarme por ver que mis huellas son las únicas grabadas en mi arena. Seguiré caminando, y mucho. Pero a diferencia de la mayoría, yo sé que debo seguir adelante, y mirar atrás solo para ver en qué me he hecho más fuerte y aprovecharlo. Y así, mi amiga la soledad y yo, caminaremos esta travesía, solos, y a la vez juntos.
Como dije en mi otra publicación "La puñeteramente buena soledad", la soledad está demasiado subestimada. En cuanto surge esa palabra nuestra cabeza la asocia directamente con tristeza. Así la hemos dejado. Hemos cogido a la "soledad" y hemos ido cosiéndole poco a poco estereotipos y mentiras que han ido rodeándola hasta convertirse en una simple hebra en una tela de penumbra y amargura. Esa es la impresión que le hemos dado a la soledad. Un mar de lágrimas y tristeza, pero... si tuviéramos que definir a la soledad, ¿cómo lo haríamos? Es la sensación de quedarse o estar solo,o también (en palabras literales de la RAE) "carencia voluntaria o involuntaria de compañía". Algo tan profundo, algo por lo que todos tenemos que pasar en mayor o menor medida, algo tan propio de la persona como el amor o el odio... ¿A nadie le extraña que tenga un significado tan escueto?
La soledad es, como mencioné también en el post de antes, un desafío que todos atravesamos, y que nos pone a prueba y nos prepara para precisamente las veces que tengamos que luchar por nosotros mismos. Esa es la única y verdadera esencia de la soledad, ya que en ocasiones estar rodeado de gente no colma esa soledad ni aunque sea una gota siquiera. Tomando este reto como referencia tenemos a dos tipos de personas: los que superan la soledad y se hacen fuertes y los que aún no han aprendido cómo superarla. Estos últimos son los que tejen toda la maraña que envuelven a la verdadera soledad. Ellos, amargados, se encargan de encubrir a la verdadera esencia de la soledad solo por eso, por la amargura de ver que ellos no son capaces de superar su propio muro y creen que hundiendo a los demás más de lo que están ellos verán la luz.
Sin embargo... ¿qué pasa con los que superan a la soledad? ¿Qué es de ellos? Esos pasan a un nivel de humanidad superior. Un nivel tangible solo para ellos. Ellos, plenos en su satisfacción de haber superado ese gran reto, ni presumen ni alardean de ello ya que, como han aprendido, a veces es mejor guardarse las cosas para uno mismo. Son ejemplo de vida sin darse a conocer. Ellos, en la soledad, se hacen más fuertes.
Yo sigo con mi compañera soledad sin saber a dónde voy ni a dónde iré, pero voy a gusto, cómodo, sin incordiarme por ver que mis huellas son las únicas grabadas en mi arena. Seguiré caminando, y mucho. Pero a diferencia de la mayoría, yo sé que debo seguir adelante, y mirar atrás solo para ver en qué me he hecho más fuerte y aprovecharlo. Y así, mi amiga la soledad y yo, caminaremos esta travesía, solos, y a la vez juntos.
viernes, 23 de enero de 2015
FRASES X
"Nunca sabes lo fuerte que eres hasta que ser fuerte es la única opción que tienes. Cuando esto ocurre eres intocable" Chuck Palahnuk
jueves, 22 de enero de 2015
OLVIDARSE DEL PASADO
La historia de muchas personas parece estar sumida en las sombras. Todos tenemos nuestros fantasmas del pasado, esos que ni el fulgor más deslumbrante es capaz de disuadir. Pero para nuestro deber como humanos, que es encontrar la felicidad, necesitamos apartarlos de nuestro camino. Necesitamos avanzar como personas, ya que nadie nace perfecto. Desde pequeños nos marcan esos defectos y momentos concretos que un uno carga durante toda su vida; pero irónicamente, somos nosotros mismos los únicos capaces de dejarlos atrás. Debes saber cuándo parar, cuándo darte por vencido, cuándo saber que has perdido esa batalla en la que te estás jugando todo sin tener por qué. Si no entras en esa razón, no se puede seguir adelante, y serás pasto de algo tan inverosímil y complejo como es el pasado. Te alimentarás del plato vacío de tus recuerdos, que no podrás cambiar más que en tu imaginación, y poco a poco serás consumido por el translúcido velo de la memoria, que empezará a volver cada vez más opaco trastocando tus recuerdos hasta llegar incluso más allá de tu futuro. Correrás siempre en el sentido de un reloj sin agujas, guiándote en una noche sin estrellas en busca de la luz artificial de una linterna que se apaga y enciende según marquen los viles antojos de tu pasado. Déjalo todo atrás, y céntrate en quién eres hoy y hacia dónde quieres llegar. Todo lo que acabó en el pasado no podrá volver a empezar; por muchas estrellas fugaces a las que le pidas auxilio, por mucho aliento que gastes susurrándole a Dios o al destino tus plegarias mientras te acurrucas en el colchón, aunque pasen más imágenes de nuestros amargos episodios por nuestros ojos que lo que vemos en el día a día. El pasado es el pasado por eso, porque no podemos volver atrás y cambiar nuestras decisiones. Además, si pudiéramos perdería su gracia, ya que alcanzamos a ser quienes somos por todas esas hostias que nos hemos metido a lo largo de nuestra vida que nos han hecho abrir poco a poco los ojos, aunque a algunos les haga falta algo de ayuda. Lo malo es cuando ya se ha echado el ancla en el pasado. Cuando coges esas gafas de sol del mercadillo con las que no ves más allá de la punta de tu nariz. Cuando parece que estás en un rollo de esos del espacio-tiempo, en un bucle infinito que reproduce una y otra vez la misma historia en tu cabeza en vez de grabar las que vivimos en el presente. Simplemente, cuando no ves. Cuando no escuchas más que la endeble voz de los títeres de tus recuerdos en vez de la que te grita pegado al oído mientras te sumes en ellos. Esos que dicen que viven de recuerdos es porque ni siquiera han intentado levantar la cabeza y ver la luz de día en vez de la oscuridad de sus noches, los que creen que no merece la pena encauzarse hacia otro mar. A esos que solo un milagro de Dios puede salvar o ni eso. Yo fui uno de vosotros, e incluso lo sigo siendo, pero sé que hay algo ahí. Existe algo por lo que merece alzar la vista y arriesgarse a olvidar tus recuerdos más transcendentales. Solo hay que querer.
De 'escritor' a lector. No te lo tomes como una amenaza, represalia u obligación, sino como un consejo. Por mucho que pasen los días y años, siempre estaremos a tiempo de ser felices.
De 'escritor' a lector. No te lo tomes como una amenaza, represalia u obligación, sino como un consejo. Por mucho que pasen los días y años, siempre estaremos a tiempo de ser felices.
miércoles, 21 de enero de 2015
DEDICADO A ESE ÁNGEL DE LA GUARDA
La soledad es sumamente imperante, y a la vez increíblemente engañosa. En algún momento de nuestras vidas nos hemos visto envueltos en esa burbuja impermeable de opresión y autorreflexión de la que no hemos dejado pasar más que la soledad misma. Esas etapas, aunque siempre acaban pasando, son difíciles de superar, ya que aunque ese fino velo de la pompa parece transparente como el agua, es tan duro y resistente como si de un muro de hormigón se tratase. La soledad es así. Tan clara y transparente como el agua, pero impenetrable y opaco como el acero. Sin embargo; es también más ficticio de lo que asemeja, ya que solo es fruto del enturbiamiento de la mente en momentos de flaqueza, lo cual es del todo comprensible. Esas utópicas ideas de "estoy solo/a en este mundo", "nadie me comprende", etc. aunque son, como he dicho, excusables ante la capa de niebla que emborrona nuestra concepción del mundo en nuestros peores momentos, siguen siendo eso, utópicas, irreales... Siempre, y cuando digo siempre es SIEMPRE, tenemos a alguien ahí, tras la neblina, ALGUIEN que está dándonos la mano aunque nosotros no podamos verla. Alguien que nos da la luz de un fuego fatuo en medio de un bosque en plena medianoche de luna nueva. Ese a quien llamamos Ángel de la Guarda, ya que siempre está, paciente, esperando a nuestro auxilio. Irónicamente, es a quien menos solemos ver en esos ocasos lúgubres de la vida, pero aun así ese paladín sigue aguardando e intentando encontrar el momento idóneo para abrir sus alas y llevarnos en volandas, aunque sea dentro de la misma burbuja. Un ángel capaz de abrirnos los ojos con un solo suspiro. Aquel que nos protege con el calor de su plumón en la más fría tiniebla. Todos deberíamos saber quién es nuestro respectivo ángel y agradecerle todo lo que hace por nosotros. Gracias, ángel, por darnos esa luz para poder salir de la penumbra. Gracias por todas esas cosas que haces por nosotros, y más aún por las que nosotros no somos capaces de ver. Gracias por ser nuestro ángel, y que no lo sea otro. Gracias por todos los momentos que hemos tenido a tu lado, y los que nos quedan por tener. En definitiva: gracias, ángel, por estar siempre ahí...
ESTEREOTIPO
Una de las muchas cosas que me han enseñado en el instituto (y una de las pocas útiles) es que toda idea, cuando empieza a expandirse, se convierte en una creencia; y dicha creencia, con el paso del tiempo, se convierte en una doctrina. En una ideología compuesta por moldes y estereotipos pero que, obviamente, no se parece ni de lejos a la idea original. Si esto es cierto... el amor es la mayor patraña de la historia de la humanidad. El amor es la idea más arcaica y antigua de nuestra especie, y ha ido siempre de nuestra mano. Por eso, conforme pasa el tiempo, hemos creado estereotipos y divulgaciones sobre el amor que, como he mencionado antes, no se parece en nada a la idea real de amor. Clásicos como: "como el primer amor no hay ninguno", "si te falla una vez te puede fallar de nuevo" o "cuando no sale bien algo es que esa relación va a acabar" son bulos que he oído en más de una ocasión y que estoy harto de oír.
¿Cómo el primer amor no hay ninguno? Es verdad, es el primero, pero es el que peor se pasa. No hay nada más amargo que el amor, y la primera vez que lo pruebas, con todas sus incertidumbres y paradojas, la primera vez que sientes esa sensación de confusión y paranoia es uno de los peores momentos de nuestra vida. Sí, como el primer amor no hay ninguno, pero de lo asfixiante que puede ser.
¿Si te falla una vez fallará de nuevo? ¡Claro! A veces olvidamos lo que somos. Somos humanos, somos personas, somos recopilaciones de errores que hemos estado acumulando a lo largo de toda nuestra existencia y que no podremos cambiar. ¡Claro que si fallamos fallaremos otra vez! ¡Y otra! Y otra más... Estamos condenados a fallar, y cuanto más queramos a alguien más le fallaremos, pero no se puede sentir plenamente el amor si no se tiene esto en cuenta. Que todos fallamos, y tenemos derecho a fallar.
¿Sólo existe el punto y final? ¿Cuándo se acaba se acabó? ¡Qué fácil es deshacerse de aquello que no nos interesa! ¡Qué rápido queremos dejar en el olvido aquellos recuerdos que tanto nos han dado solo por un adiós! Qué veloz es la despedida y el enfado, y que largas son las noches acurrucado a la almohada sollozando qué hice mal para cometer ese error.
Qué ciegos estamos, señor mío... Lo he mencionado antes. Somos personas. Fallamos, y mucho, y por ello se debe contemplar las segundas oportunidades. No se deben enterrar las sonrisas y las caricias de un año por unos minutos de agonía y lágrimas. No hay por qué dejar atrás aquello que una vez nos hizo felices. Son puros estereotipos productos de la insensatez e incoherencia que ha ido adquiriendo la gente que no se esfuerza en pensar. Que no le interesa ver el verdadero sentido de cosas tan transcendentales como el amor, la vida o la muerte. La personas estamos pasando de ser algo tan natural como los errores a algo tan sumamente artificial como las apariencias y los estereotipos. Y lo peor de todo es que nadie mueve un solo dedo por quitarse su propia máscara y ver qué nos rodea de verdad.
¿Cómo el primer amor no hay ninguno? Es verdad, es el primero, pero es el que peor se pasa. No hay nada más amargo que el amor, y la primera vez que lo pruebas, con todas sus incertidumbres y paradojas, la primera vez que sientes esa sensación de confusión y paranoia es uno de los peores momentos de nuestra vida. Sí, como el primer amor no hay ninguno, pero de lo asfixiante que puede ser.
¿Si te falla una vez fallará de nuevo? ¡Claro! A veces olvidamos lo que somos. Somos humanos, somos personas, somos recopilaciones de errores que hemos estado acumulando a lo largo de toda nuestra existencia y que no podremos cambiar. ¡Claro que si fallamos fallaremos otra vez! ¡Y otra! Y otra más... Estamos condenados a fallar, y cuanto más queramos a alguien más le fallaremos, pero no se puede sentir plenamente el amor si no se tiene esto en cuenta. Que todos fallamos, y tenemos derecho a fallar.
¿Sólo existe el punto y final? ¿Cuándo se acaba se acabó? ¡Qué fácil es deshacerse de aquello que no nos interesa! ¡Qué rápido queremos dejar en el olvido aquellos recuerdos que tanto nos han dado solo por un adiós! Qué veloz es la despedida y el enfado, y que largas son las noches acurrucado a la almohada sollozando qué hice mal para cometer ese error.
Qué ciegos estamos, señor mío... Lo he mencionado antes. Somos personas. Fallamos, y mucho, y por ello se debe contemplar las segundas oportunidades. No se deben enterrar las sonrisas y las caricias de un año por unos minutos de agonía y lágrimas. No hay por qué dejar atrás aquello que una vez nos hizo felices. Son puros estereotipos productos de la insensatez e incoherencia que ha ido adquiriendo la gente que no se esfuerza en pensar. Que no le interesa ver el verdadero sentido de cosas tan transcendentales como el amor, la vida o la muerte. La personas estamos pasando de ser algo tan natural como los errores a algo tan sumamente artificial como las apariencias y los estereotipos. Y lo peor de todo es que nadie mueve un solo dedo por quitarse su propia máscara y ver qué nos rodea de verdad.
lunes, 19 de enero de 2015
EL NUEVO REINO
Érase una vez, en un pueblo muy lejano, reinaba una princesa hermosa bajo su mano de seda y sus ojos azabaches, pero tan cristalinos como los copos de nieve. Sus labios rosados exhalaban mandatos a sus súbditos, quienes no podían rechistar ante la dulzura de su embelesadora voz. Todo el mundo estaba feliz con la princesa, tanto los campesinos como los reinos colindantes. A pesar de la felicidad del pueblo, la princesa no conseguía ser feliz ella misma, ya no le faltaba algo; un príncipe con quien casarse.
Tras conocer a varios pretendientes, un día se presentó en su castillo un osado caballero. Lucía una armadura plateada con el emblema de su reino en el pecho con gesto prepotente y embravecido. Iba decidido a conquistar a la princesa, y así lo hizo. Pronto, la princesa y el caballero se casaron, siendo los reyes de ambos reinos. A la boda acudieron todos los reyes de alrededor y otros altos cargos de honor y reputación. El convite fue por todo lo alto, sin mesuras, de tal manera que durante mucho tiempo no se dejó de hablar de la boda. Una vez en el trono, el nuevo rey no tardó en ganarse un prestigio considerable. En cuestión de un año, se hizo más poderoso que la propia reina. La bella reina no le dio importancia a aquello, hasta que un día su majestad fue engañada. Una noche se produjo un incendio en la zona más céntrica y poblada del reino; un gran incendio que conllevó la vida de muchos aldeanos. Los súbditos, coléricos, arremetieron contra el rey, quien testificó en su defensa que el fuego fue provocado por la reina, excusándose de los celos y la rabia de no abarcar el poder tras la boda, a lo que no pudo hacer nada para defenderse. El rey se había salido con la suya, y tras el veredicto del pueblo, fue exiliada, obligándola a no volver jamás. Sabía que no podía hacer nada contra su cruel esposo, así que no tuvo más remedio que irse. Intentó buscar refugio en los reinos cercanos, pero el rey se encargó de que los reyes próximos a él supieran del supuesto incendio, por lo que nadie estuvo dispuesto a cobijarla bajo sus murallas. La reina perdió todas las esperanzas, y solo podía vagabundear por el mundo en busca de caridad.
Pasó el tiempo, y hacia ya tres años de la tragedia cuando la gente se olvidó de la reina.Nadie se acordaba de ella, mientras en su reino, su esposo gobernaba a sus anchas con mano de hierro. Un día de tremendo calor, de camino a una pequeña pedanía, el sol azotaba el cielo y la tierra, y ni las sombras de los árboles eran capaces de mitigar el sofoco. Tampoco se salvó del calor la reina, que a las puertas del pueblo cayó rendida, desmayada en medio del sendero. Cuando se despertó estaba en una habitación de una casa rústica, tumbada en una cama con un trapo húmedo en la frente. Se incorporó al borde de la cama, estupefacta y aún algo conmocionada, y empezó a curiosear el cuarto. Al poco alguien abrió la puerta. Tras ella apareció un joven con una barba corta morena y un hacha, cargando sobre su espalda un saco lleno de leña. La princesa, asustada, se arrinconó en una esquina de la cama, y para tranquilizarla dejó el hacha y el saco y se acercó cuidadosamente, como si pretendiese sosegar a un animal salvaje. Cuando la reina se calmó, el joven le tocó la frente para comprobar su salud y le trajo bebida y comida. Cuando recobró el sentido, le preguntó dónde estaba. "Esta es mi cabaña —contestó—. Estamos en medio del bosque. Fui a buscar algo de leña y te encontré tirada en el suelo...". La princesa le dio tímidamente las gracias, mirando fija al suelo con la mirada perdida mientras le daba sorbos a su vaso. El leñador se interesó por ella, pero la reina lo ignoró. Aun así, amablemente, le ofreció quedarse en su choza cuanto tiempo fuese preciso.
Corrían los días y los meses, y la princesa seguía sin encontrar un lugar en el que permanecer, aunque le cogió el gusto a la vida en el bosque. Acabó viviendo con el joven que la salvó, y conforme pasaba el tiempo,se iban enamorando. Una noche, cenando, la reina volvió a disuadir su mente, y como había hecho más de una vez (en vano), le preguntó qué le ocurría; pero en esta ocasión acabó por soltar sus remordimientos. Le contó todo lo que le sucedió en su reino; el rey, el engaño, el exilio, y tras terminar de contar su pasado rompió a llorar tapándose la cara con las manos. Sin decir nada, el joven le puso la mano en el hombro y le besó en la frente. Ella se destapó, se cruzaron las miradas y, para intentar animarla le dijo: "Seguro que echas de menos la vida en palacio...pues bien, ¡vamos a hacer nuestro propio reino!". "Déjate de tonterías..." recriminó la princesa, pero sin perder un ápice de ilusión continuó: "¡Que sí! ¡Lo digo en serio! Hagamos nuestro propio país... ¡Y esta cabaña será nuestro palacio!". Estaba loco, o eso pensó la princesa, pero aun así algo hubo en sus palabras que le impulsó a colaborar con él. Lo que empezó con una tontería, al poco prosiguió con una humilde posada cerca de la cabaña para los que frecuentasen el bosque. Adquirió pronto fama entre los visitantes, y con las ganancias construyeron un edificio más. Y con ese igual. Y así sucesivamente hasta formar un gran imperio. La reina volvió a recuperar su corona, pero en aquel nuevo pero prestigioso país, y lo que parecía un juego, terminó siendo un reino mayor incluso que en el que vivía antes. Un reino que la llenaba más, y sobre todo, un reino que podía gobernar de la mano de aquel que la quería y la hacía tan feliz. La sombra del antiguo rey solo fue un mero recuerdo, y, como acaban los cuentos, los nuevos reyes vivieron felices y comieron perdices...
Tras conocer a varios pretendientes, un día se presentó en su castillo un osado caballero. Lucía una armadura plateada con el emblema de su reino en el pecho con gesto prepotente y embravecido. Iba decidido a conquistar a la princesa, y así lo hizo. Pronto, la princesa y el caballero se casaron, siendo los reyes de ambos reinos. A la boda acudieron todos los reyes de alrededor y otros altos cargos de honor y reputación. El convite fue por todo lo alto, sin mesuras, de tal manera que durante mucho tiempo no se dejó de hablar de la boda. Una vez en el trono, el nuevo rey no tardó en ganarse un prestigio considerable. En cuestión de un año, se hizo más poderoso que la propia reina. La bella reina no le dio importancia a aquello, hasta que un día su majestad fue engañada. Una noche se produjo un incendio en la zona más céntrica y poblada del reino; un gran incendio que conllevó la vida de muchos aldeanos. Los súbditos, coléricos, arremetieron contra el rey, quien testificó en su defensa que el fuego fue provocado por la reina, excusándose de los celos y la rabia de no abarcar el poder tras la boda, a lo que no pudo hacer nada para defenderse. El rey se había salido con la suya, y tras el veredicto del pueblo, fue exiliada, obligándola a no volver jamás. Sabía que no podía hacer nada contra su cruel esposo, así que no tuvo más remedio que irse. Intentó buscar refugio en los reinos cercanos, pero el rey se encargó de que los reyes próximos a él supieran del supuesto incendio, por lo que nadie estuvo dispuesto a cobijarla bajo sus murallas. La reina perdió todas las esperanzas, y solo podía vagabundear por el mundo en busca de caridad.
Pasó el tiempo, y hacia ya tres años de la tragedia cuando la gente se olvidó de la reina.Nadie se acordaba de ella, mientras en su reino, su esposo gobernaba a sus anchas con mano de hierro. Un día de tremendo calor, de camino a una pequeña pedanía, el sol azotaba el cielo y la tierra, y ni las sombras de los árboles eran capaces de mitigar el sofoco. Tampoco se salvó del calor la reina, que a las puertas del pueblo cayó rendida, desmayada en medio del sendero. Cuando se despertó estaba en una habitación de una casa rústica, tumbada en una cama con un trapo húmedo en la frente. Se incorporó al borde de la cama, estupefacta y aún algo conmocionada, y empezó a curiosear el cuarto. Al poco alguien abrió la puerta. Tras ella apareció un joven con una barba corta morena y un hacha, cargando sobre su espalda un saco lleno de leña. La princesa, asustada, se arrinconó en una esquina de la cama, y para tranquilizarla dejó el hacha y el saco y se acercó cuidadosamente, como si pretendiese sosegar a un animal salvaje. Cuando la reina se calmó, el joven le tocó la frente para comprobar su salud y le trajo bebida y comida. Cuando recobró el sentido, le preguntó dónde estaba. "Esta es mi cabaña —contestó—. Estamos en medio del bosque. Fui a buscar algo de leña y te encontré tirada en el suelo...". La princesa le dio tímidamente las gracias, mirando fija al suelo con la mirada perdida mientras le daba sorbos a su vaso. El leñador se interesó por ella, pero la reina lo ignoró. Aun así, amablemente, le ofreció quedarse en su choza cuanto tiempo fuese preciso.
Corrían los días y los meses, y la princesa seguía sin encontrar un lugar en el que permanecer, aunque le cogió el gusto a la vida en el bosque. Acabó viviendo con el joven que la salvó, y conforme pasaba el tiempo,se iban enamorando. Una noche, cenando, la reina volvió a disuadir su mente, y como había hecho más de una vez (en vano), le preguntó qué le ocurría; pero en esta ocasión acabó por soltar sus remordimientos. Le contó todo lo que le sucedió en su reino; el rey, el engaño, el exilio, y tras terminar de contar su pasado rompió a llorar tapándose la cara con las manos. Sin decir nada, el joven le puso la mano en el hombro y le besó en la frente. Ella se destapó, se cruzaron las miradas y, para intentar animarla le dijo: "Seguro que echas de menos la vida en palacio...pues bien, ¡vamos a hacer nuestro propio reino!". "Déjate de tonterías..." recriminó la princesa, pero sin perder un ápice de ilusión continuó: "¡Que sí! ¡Lo digo en serio! Hagamos nuestro propio país... ¡Y esta cabaña será nuestro palacio!". Estaba loco, o eso pensó la princesa, pero aun así algo hubo en sus palabras que le impulsó a colaborar con él. Lo que empezó con una tontería, al poco prosiguió con una humilde posada cerca de la cabaña para los que frecuentasen el bosque. Adquirió pronto fama entre los visitantes, y con las ganancias construyeron un edificio más. Y con ese igual. Y así sucesivamente hasta formar un gran imperio. La reina volvió a recuperar su corona, pero en aquel nuevo pero prestigioso país, y lo que parecía un juego, terminó siendo un reino mayor incluso que en el que vivía antes. Un reino que la llenaba más, y sobre todo, un reino que podía gobernar de la mano de aquel que la quería y la hacía tan feliz. La sombra del antiguo rey solo fue un mero recuerdo, y, como acaban los cuentos, los nuevos reyes vivieron felices y comieron perdices...
FRASES VIII
6 de agosto de 1945: lanzamiento de la bomba atómica Little Boy en Hiroshima. El día en que la ciencia, la humanidad y, en definitiva todo alcanzó un límite.
¿HASTA LA PRÓXIMA? ¿SEGURO?
Nunca se sabe cuando será la próxima vez de algo, ni siquiera si habrá próxima vez. El infortunio, la desdicha, e incluso en los peores casos, La Parca, están acechándonos constantemente sin ser conscientes de ello. Yo he oído mucho eso de "Hoy estás...pero, ¿mañana quién sabe?". Desde mi punto de vista resulta algo hiperbólico, exagerado, pero sin dejar de tener esa pizca de verdad. La vida, si algo tiene, es esa caja de sorpresas de la que no sabes, ni puedes saber, qué saldrá cuando te despiertes a la mañana siguiente. Igual te despiertas con el pie izquierdo, y algo te pasa nada más poner el pie en el suelo que te hace tener un presentimiento negativo, una incertidumbre extraña que te hace clavar la mirada al suelo durante todo el día. Otras veces parece que te advierten.
Creo que a todos nos ha tenido que suceder eso de que de repente te entra un nerviosismo anómalo, que ni tú sabes cómo pueden temblarte tanto las piernas, por qué tiritas o por qué miras de un lado a otro con la guardia alta, como si fueras un antílope en una manada de leones. En otras ocasiones, simplemente, viene. Cuando menos te lo esperas, pum. Adiós todo. O la vida te da un giro de ciento ochenta grados, o el encapuchado de la guadaña oxidada decide deslizar su magullado filo sobre tu cuello. Aunque, como he dicho, estamos hablando ya de casos extremos.
Volviendo al principio, el término "próxima vez" es más subjetivo y ficticio de lo que pensamos. Sin embargo, como irónicamente la mayoría de veces, nos ilusiona más un "Te prometo que habrá una próxima vez..." que un "No sé si vendré. No te puedo asegurar nada.", porque hay algo en el primero de lo cuál nos alimentamos las personas, de lo que se alimenta nuestro corazón y nuestros sueños: esperanza. Esa frase, esa promesa, ver que aquel o aquella que te lo dice tiene el empeño y la intención de repetir lo que fuera que fuese esa "vez". Ver que te lo dice tan decidido que sí, que parece que habrá una próxima vez a la fuerza; que esa saliva que gasta en decirlo no serán gotas de fe que se desvanezcan a la mañana siguiente en el rocío matutino. Son siete palabras, trece sílabas bendecidas por un halo de ilusión que ilumina a quien las oye... Lo que viene siendo una promesa.
Una promesa. Una esperanza. Una luz capaz de guiar al más extraviado por el más oscuro sendero. Una esperanza enteramente alentada que se haya solo en aquellas promesas que nos importan de verdad. Todos tenemos una de estas. Todos tenemos una luz dentro que no se apagará nunca. Otras pueden ser más tenues, pero todos, sin excepción, acabamos encontrando ese haz que brilla por nosotros una vez que la hallamos... Cuando la vemos, solo nos falta una cosa: elegir si seguir esa luz o ignorarla. Decisión y elección únicamente personal. Unos dicen que es una pérdida de tiempo, que mejor disfrutar de la vida y olvidarse de esas tonterías que infunden los sentimentales como yo; aunque los que han dicho de seguirla, aunque no lo dicen, dejan que sus rostros expresen por ellos el calor y el brillo de esa luz que han estado buscando, algunos durante años. Me da igual que me señaléis como sentimental, romanticón, e incluso en algunos extremos patético, pero personalmente creo que, una vez que se te planta delante esa luz, lo mejor es seguirla... ya que si hablan tan bien de ella, por algo será, ¿no?...
Creo que a todos nos ha tenido que suceder eso de que de repente te entra un nerviosismo anómalo, que ni tú sabes cómo pueden temblarte tanto las piernas, por qué tiritas o por qué miras de un lado a otro con la guardia alta, como si fueras un antílope en una manada de leones. En otras ocasiones, simplemente, viene. Cuando menos te lo esperas, pum. Adiós todo. O la vida te da un giro de ciento ochenta grados, o el encapuchado de la guadaña oxidada decide deslizar su magullado filo sobre tu cuello. Aunque, como he dicho, estamos hablando ya de casos extremos.
Volviendo al principio, el término "próxima vez" es más subjetivo y ficticio de lo que pensamos. Sin embargo, como irónicamente la mayoría de veces, nos ilusiona más un "Te prometo que habrá una próxima vez..." que un "No sé si vendré. No te puedo asegurar nada.", porque hay algo en el primero de lo cuál nos alimentamos las personas, de lo que se alimenta nuestro corazón y nuestros sueños: esperanza. Esa frase, esa promesa, ver que aquel o aquella que te lo dice tiene el empeño y la intención de repetir lo que fuera que fuese esa "vez". Ver que te lo dice tan decidido que sí, que parece que habrá una próxima vez a la fuerza; que esa saliva que gasta en decirlo no serán gotas de fe que se desvanezcan a la mañana siguiente en el rocío matutino. Son siete palabras, trece sílabas bendecidas por un halo de ilusión que ilumina a quien las oye... Lo que viene siendo una promesa.
Una promesa. Una esperanza. Una luz capaz de guiar al más extraviado por el más oscuro sendero. Una esperanza enteramente alentada que se haya solo en aquellas promesas que nos importan de verdad. Todos tenemos una de estas. Todos tenemos una luz dentro que no se apagará nunca. Otras pueden ser más tenues, pero todos, sin excepción, acabamos encontrando ese haz que brilla por nosotros una vez que la hallamos... Cuando la vemos, solo nos falta una cosa: elegir si seguir esa luz o ignorarla. Decisión y elección únicamente personal. Unos dicen que es una pérdida de tiempo, que mejor disfrutar de la vida y olvidarse de esas tonterías que infunden los sentimentales como yo; aunque los que han dicho de seguirla, aunque no lo dicen, dejan que sus rostros expresen por ellos el calor y el brillo de esa luz que han estado buscando, algunos durante años. Me da igual que me señaléis como sentimental, romanticón, e incluso en algunos extremos patético, pero personalmente creo que, una vez que se te planta delante esa luz, lo mejor es seguirla... ya que si hablan tan bien de ella, por algo será, ¿no?...
domingo, 18 de enero de 2015
TODO HESTO POR HUNA FARTA...
Si solo hes huna farta. Si, hai temdria ke a ver huna axe, pero tanpoko hes para tanto. No se porke la jente hes tan kisciyosa kom la hortoglafia, tanpolko hes tan hinportante.
La jente be como heso ha las fartas de hortoglafia. Solo hun heror de hesclivir. Hen haljunos casos si, som haljunos pekeños despistes. Todos nos hekibocamos hal fim i hal cavo. Sin henvargo, lo ke no se deveria permitir hes la farta de hortoglafia por hijnoramzia ha partir de siertas hedades. No hes la primera ves ke beo hesclito haljo como "hojos", "berde" o "imbitado", i no hesclitos de manera hintenzionada, si no por hijnoramzia. Aze daño. Muxo. Te dan janas de labarte los hogos con legia. Da hijüal ke te kemen, hasi te haoras bolber ha ber cosas hasi. Lla no rreploxo hen heste post la farta de boqavulario, si no huna farta de rrespeto he hinteres monumental azia haljo tan vasico i simpre como lo hes hun hidioma. Avlar, hesclivir, qomuniqarse; todo konpremde ha la lenjüa. I creho ke lo minimo seria ke, cuando se tenja zierta hedad i conzienzia, rrespetar sus nromas y vases. Hes cuestion de primzipios. Puede ke seha llo ke me lo tomo demaziado hen zerio, pero... sino se rrespeta ha la plopia lenjüa materna, ha ke se le puede rrealemente jüardar haljo de rrespeto? Como e dixo puede ke solo seha ke me e komido demaziado hel koko, pero... huna prejunta: a bosotros no hos duelen los hogos despues de leher hesto?
Si solo es una falta. Sí, ahí tendría que haber una hache, pero tampoco es para tanto. No sé por qué la gente es tan quisquillosa con la ortografía, tampoco es tan importante.
La gente ve como eso a las faltas de ortografía. Solo un error de escribir. En algunos casos sí, son algunos pequeños despistes. Todos nos equivocamos al fin y al cabo. Sin embargo, lo que no se debería permitir es la falta de ortografía por ignorancia a partir de ciertas edades. No es la primera vez que veo escrito algo como "hojos", "berde" o "imbitado", y no escritos de manera intencionada, sino por ignorancia. Hace daño. Mucho. Te dan ganas de lavarte los ojos con lejía. Da igual que te quemen, así te ahorras volver a ver cosas así. Ya no reprocho en este post la falta de vocabulario, sino una falta de respeto e interés monumental hacia algo tan básico y simple como lo es un idioma. Hablar, escribir, comunicarse; todo comprende a la lengua. Y creo que lo mínimo sería que, cuando se tenga cierta edad y consciencia, respetar sus normas y bases. Es cuestión de principios. Puede que sea yo que me lo tomo demasiado en serio, pero... si no se respeta a la propia lengua materna, ¿a qué se le puede realmente guardar algo de respeto? Como he dicho puede que solo sea que me he comido demasiado el coco, pero... una pregunta: ¿A vosotros no os duelen los ojos después de leer esto?
La jente be como heso ha las fartas de hortoglafia. Solo hun heror de hesclivir. Hen haljunos casos si, som haljunos pekeños despistes. Todos nos hekibocamos hal fim i hal cavo. Sin henvargo, lo ke no se deveria permitir hes la farta de hortoglafia por hijnoramzia ha partir de siertas hedades. No hes la primera ves ke beo hesclito haljo como "hojos", "berde" o "imbitado", i no hesclitos de manera hintenzionada, si no por hijnoramzia. Aze daño. Muxo. Te dan janas de labarte los hogos con legia. Da hijüal ke te kemen, hasi te haoras bolber ha ber cosas hasi. Lla no rreploxo hen heste post la farta de boqavulario, si no huna farta de rrespeto he hinteres monumental azia haljo tan vasico i simpre como lo hes hun hidioma. Avlar, hesclivir, qomuniqarse; todo konpremde ha la lenjüa. I creho ke lo minimo seria ke, cuando se tenja zierta hedad i conzienzia, rrespetar sus nromas y vases. Hes cuestion de primzipios. Puede ke seha llo ke me lo tomo demaziado hen zerio, pero... sino se rrespeta ha la plopia lenjüa materna, ha ke se le puede rrealemente jüardar haljo de rrespeto? Como e dixo puede ke solo seha ke me e komido demaziado hel koko, pero... huna prejunta: a bosotros no hos duelen los hogos despues de leher hesto?
Si solo es una falta. Sí, ahí tendría que haber una hache, pero tampoco es para tanto. No sé por qué la gente es tan quisquillosa con la ortografía, tampoco es tan importante.
La gente ve como eso a las faltas de ortografía. Solo un error de escribir. En algunos casos sí, son algunos pequeños despistes. Todos nos equivocamos al fin y al cabo. Sin embargo, lo que no se debería permitir es la falta de ortografía por ignorancia a partir de ciertas edades. No es la primera vez que veo escrito algo como "hojos", "berde" o "imbitado", y no escritos de manera intencionada, sino por ignorancia. Hace daño. Mucho. Te dan ganas de lavarte los ojos con lejía. Da igual que te quemen, así te ahorras volver a ver cosas así. Ya no reprocho en este post la falta de vocabulario, sino una falta de respeto e interés monumental hacia algo tan básico y simple como lo es un idioma. Hablar, escribir, comunicarse; todo comprende a la lengua. Y creo que lo mínimo sería que, cuando se tenga cierta edad y consciencia, respetar sus normas y bases. Es cuestión de principios. Puede que sea yo que me lo tomo demasiado en serio, pero... si no se respeta a la propia lengua materna, ¿a qué se le puede realmente guardar algo de respeto? Como he dicho puede que solo sea que me he comido demasiado el coco, pero... una pregunta: ¿A vosotros no os duelen los ojos después de leer esto?
FRASES VI
Las tres cosas más poderosas del mundo son: la imaginación, ya que es de donde nacen las ideas; la mente o cultura, ya que a más conocimientos más se expande nuestra imaginación; y lo más poderoso de todo es el amor, ya que es lo único que puede desbaratar a las otras dos anteriores.
UNA PÉRDIDA DE TIEMPO
Odio estar sin hacer nada. Lo reconozco: soy un chico bastante inquieto. No soporto estar parado, sentado en el sofá de casa sin aunque sea zarandear el pie al ritmo de la primera canción que me venga a la cabeza. Esos momentos de vagancia absoluta en los que no te pasa nada ni por las piernas ni por la mente, y eso segundo es lo que detesto. Hay veces en las que físicamente estoy inmóvil, pero aun así aprovecho para pensar en algo; pero lo que odio es cuando no me sale ni el pensar. No es solo culpa de mi inquietud, es por lo que supone: perder el tiempo. Algo tan valioso e importante como el tiempo no debe ser derrochado. Me agobia estar acostado en la cama mirando al techo sin que mi imaginación diga de ir más allá de él. Odio sentir la necesidad de escribir y que no me salgan las palabras con las cuales desfogarme. Detesto lo que vulgarmente se llama "perder el tiempo". La verdad es que, de todas las frases hechas que existen en la lengua castellana, "perder el tiempo" es la más acertada literalmente hablando. Cada segundo que pasa sin que hagas algo de provecho es un segundo perdido. Un segundo en el que tal vez (dramatizando un poco) podrías haber hecho algo importante o, simplemente, algo. Un segundo en el que te podrían haber pasado por la cabeza miles de ideas. Un segundo perdido acumulado. Por eso es tan valioso el tiempo. Son como los granos de polvo en un reloj de arena que van discurriendo poco a poco a lo largo de la vida, y que cada vez que caen, no pueden volver a donde cayeron. Cada segundo es tan único y valioso como todos los demás. Yo, ahora, aprovecho mi tiempo escribiendo esto para vosotros, con la vaga esperanza de que al leerlo no os suponga una pérdida de tiempo...
sábado, 17 de enero de 2015
FRASES V
"Nacemos con millones de luces en el corazón que nos enseñan el camino (...) morimos cuando se van" All the little lights-Passenger
¿CÓMO QUE HACIA DÓNDE PENSAR?
Ya nos sabes por dónde te van a venir. Estaba yo en una mañana tranquila de un día tranquilo en una biblioteca, irónicamente, no tan tranquila, cuando me crucé en la entrada con una compañera con la que solía hablar antes. Nos saludamos y na', lo típico. Hola. ¿Qué tal? Bien, bien... ¿Qué tal vas? Bueno, no me puedo quejar... ya sabéis. Pero un poco antes de entrar, pum. Bombazo. Me lanzó una mirada de curiosidad y dejó caer una pregunta al aire: ¿De qué partido eres? Sinceramente, me quedé atónito. Primero porque estoy más acostumbrado a acompañar una mañana con un desayuno que con un debate de política, y segundo porque, por mi edad y más por mi interés propio, la política me trae sin cuidado. Aún así no quise hacerle el feo e ignorar a mi amiga, así que contesté un simple: "Yo es que soy apolítico...". Ella, o por su empeño de indagar en mi pasividad política o bien porque era la materia que estaba estudiando en aquel momento, continuó hablándome del tema. Al principio me resultó cansino, pero luego me fijé que esa chica, las cosas que decía, las había pensado, cosa que valoré mucho, así que estuvimos discutiendo sobre el asunto dentro de la biblioteca. Por el momento, todo iba bien. Reconozco que hasta me dio gusto estar con alguien con quien compartir conocimientos e ideas, aunque fuera en un ámbito que detesto; pero una vez más dijo mi amiga de lucirse. "Por lo que veo tú eres de centro...yo soy más de izquierdas." Lo siento. Ahí me trastocó.
Es algo difícil de explicar... Las doctrinas socialistas y conservadoras (no pienso usar los términos izquierda y derecha) son en sí un conjunto de ideas que una persona formuló en su momento para dirigir a un pueblo. Cada hombre, o al menos tendría que ser así, debería ser capaz de ingeniar sus propias directrices y principios. Puedo entender que se pueda coincidir en algunos puntos entre la ideología que uno crea y la doctrina que pretenda seguir, pero lo que no consiento son a aquellos que dicen: "Soy de derechas porque no soporto a los de izquierdas..." o "Estoy completamente identificado con el programa de...". Para mí son tonterías. Son otro esfuerzo de los poderosos de conseguir manipularnos, de hacernos seguir y obedecer una doctrina para evitar crear una propia que confronte a las suyas. Una maquinación que convierte algo tan puro como el pensamiento personal en un motivo de pelea y enemistad. Una burda manera de clasificar los bandos que luchan por el Gobierno. Por eso odio la política; por lo que encierra, no por lo que debería mostrar y representar. Así que, como represalia, voy a fundar mi propio partido: el PPC, el Partido de los que Piensan por su Cuenta.
Es algo difícil de explicar... Las doctrinas socialistas y conservadoras (no pienso usar los términos izquierda y derecha) son en sí un conjunto de ideas que una persona formuló en su momento para dirigir a un pueblo. Cada hombre, o al menos tendría que ser así, debería ser capaz de ingeniar sus propias directrices y principios. Puedo entender que se pueda coincidir en algunos puntos entre la ideología que uno crea y la doctrina que pretenda seguir, pero lo que no consiento son a aquellos que dicen: "Soy de derechas porque no soporto a los de izquierdas..." o "Estoy completamente identificado con el programa de...". Para mí son tonterías. Son otro esfuerzo de los poderosos de conseguir manipularnos, de hacernos seguir y obedecer una doctrina para evitar crear una propia que confronte a las suyas. Una maquinación que convierte algo tan puro como el pensamiento personal en un motivo de pelea y enemistad. Una burda manera de clasificar los bandos que luchan por el Gobierno. Por eso odio la política; por lo que encierra, no por lo que debería mostrar y representar. Así que, como represalia, voy a fundar mi propio partido: el PPC, el Partido de los que Piensan por su Cuenta.
LA PERFECCIÓN INCLUYE SUS "DESPERFECTOS"
Me siento privilegiado por este don que me ha dado Dios con el cual puedo ver donde solo aquellos que poseen la misma gracia que yo somos capaces de atisbar. Ser capaz de mirar más allá de las máscaras de la gente y tener el valor de criticar la ideologías que la sociedad ha ido materializando con el paso de los siglos. Pero eso no se podría llegar a realizar de no ser por nuestra ignorancia humana, nuestra característica capacidad de adaptarnos a la comodidad y a la facilidad, aunque ello suponga de deshacernos del ínfimo haz de humanidad y cordura que todos, por nuestra condición de personas, llevamos dentro. Todos codiciamos esa comodidad circular que envuelve el evitar moverse, evitar saber (ya que cuanto más conoces, más inquieta es tu mente) y por último y más importante, evitar pensar. Vamos tras una deidad de perfección que acrecienta nuestro lado oscuro y esconde a nuestro verdadero yo. Somos así de avaros. Solo nos vale la perfección, y ya que no somos capaces de ser perfectos por nosotros mismos, buscamos a alguien que cumpla esos ideales que tenemos por "perfección", pero, siendo como somos, buscamos esa perfección en forma de máscara (todo máscaras... allí, allá... no nos las quitamos de encima). Entendemos la perfección como aquello que no tiene mancha ni grieta alguna, a aquello que nunca falla y aquello que conoce el error o el defecto. Mal. Otra vez mal. Una muestra más de la ignorancia que hemos conseguido adquirir (a pesar de estar en "el siglo XXI"). La propia perfección nos dice lo equivocados que estamos. Sí, la perfección es la perfección. La perfección es inmaculada, impoluta, lo tiene todo... y como tal, debe tener desperfectos. La perfección está, contradictoriamente, envuelta de defectos los cuales hay que saber aceptar. A la gente le aterra esto, es normal, pero es la verdad. La perfección va acompañada de fallos y errores, ya que los errores nos definen cómo somos. Es lioso y muy controvertido, pero como he dicho, es así. Para alcanzar la perfección hay que asumir que hay que atravesar baches, malos tragos, que para coger una rosa hay que pincharse con las espinas. Todos erramos, queramos o no. Y si no somos capaces de asumirlo es que nos queda mucho por aprender.
QUÉ FÁCIL ES SER ESCRITOR... ¿NO?
Uno siempre recibe consejos, al menos uno al día. A mí me dio uno un compañero con el que compartía mi afición a la literatura, y me dijo lo siguiente: para ser un buen escritor, o para ser cualquier cosa, hacen falta dos cosas: constancia y talento. Y gran razón que tenía. No sirve de nada tener talento si no tienes la insistencia suficiente para escribir aunque sea un par de palabras al día; y tampoco sirve tener constancia si lo más formal que se sabe escribir es: "acho, tío, que la vida es mu' bonica y tal...". Aunque, por desgracia, hoy en día se tiene muy menospreciado el talento, sobre todo con la tontería esa que he oído en más de una ocasión: antes de morir, uno tiene que escribir un libro. Si el "escritor" es alguien famoso o de renombre, o el libro tiene tantas páginas que no te cabe en la litera, es que el libro tiene que ser bueno. Por cojones. Y la gente lo compra. Y la gente lo lee. Y la gente opina bien del libro. Y yo me río porque no hay huevos a criticarlos, ya no digo mal, sino simplemente criticarlos. Luego están los escritores que, más que el estilo propio buscan un estilo comercial. Un estilo que no busca más que el dinero y colaborar con el alelamiento social de, sobre todo, los jóvenes. Son capaces incluso de, no de hacer leer a millones de personas, sino de darles un motivo más de embobamiento y de abstracción hacia una realidad que no es para nada parecido a como la pintan. Pues bien, a vosotros os digo ahora que yo moriré de pie antes que vivir de rodillas. Seré fiel a mi estilo, que es lo que debería hacer un buen escritor. Prefiero gustar por mis propias letras que por las convenciones. ¿De qué sirve gustar a los demás si no te gustas a ti mismo? Prefiero gustar, es obvio, pero a mi manera. No sé si tengo ese "talento" que se necesita para ser grande, pero puedo asegurar que constancia no me va a faltar.
viernes, 16 de enero de 2015
FRASES III
De toda oscuridad emerge un ínfimo haz de luz, a la vez que en la más deslumbrante luz se esconde la más difusa sombra.
LA PUÑETERAMENTE BUENA SOLEDAD
Una vez más reivindico por la parte oscura que todos queremos esconder de nosotros. Una vez más niego y reniego los rumores que el viento y la pasividad humana hacen llegar a mis oídos. Una vez más, aquí estoy, defendiendo aquellos valores que la gente rehuye, igual que me rehuyen a mí. Hemos infravalorado tanto algunos valores por no esforzarnos en ver lo que conllevan que los hemos relegado a la categoría de "defecto". No tenemos derecho de acusar de bueno o malo a algo que no hemos experimentado antes. En mi caso quisiera hablaros de la soledad. La abismal y abrupta soledad.
Tachada de mezquina, cruel y tacaña, que solo quiere para ella las presas que caen en sus redes. No importa la edad, el sexo o la distinción social; todos tenemos que enfrentarnos a la soledad en algún momento de nuestra vida en mayor o menor magnitud. La soledad es realmente subjetiva. Para algunos es, superficialmente, pasar un fin de semana sin salir con los amigos; para otros es (desde un punto de vista más extremo, pero desgraciadamente, sin dejar de ser real) sufrir una infancia entera de marginación y acoso. Sea como fuere, todos tenemos que mirar a la soledad a la cara alguna vez y sacarle los dientes. Ese es el fundamento de la soledad. Una prueba en que, obviamente, solo nosotros mismos podemos afrontar. La lucha contra la soledad nos muestra que cada uno tiene su propia vida, y nos enseña cómo manejarla nosotros solos y a orientarla hacia donde nosotros queremos, sin contar con ayuda u opiniones ajenas.
Esa es mi perspectiva de la vida. Un desafío. Una batalla que hay que librar por cojones. Es dura, no voy a decir lo contrario, pero aquellos que consiguen ganarla son capaces de conseguir todo aquello que se propongan. No es ni amargo ni apenado, como lo pinta la gente. Lo divulgan así aquellos que no son capaces de superar su propia soledad; y como amargados que son, llenos de envidia hacia aquellos que sí consiguieron ejecutar a su desamparo, intimidan a los que siguen sumidos en la soledad para evitar que salgan por miedo a lo que pueda haber más allá de ella.
Yo estoy empezando a salir de mi soledad. Lo sé porque noto el brillo y el calor de esa luz que tanto dicen que se ve al final del túnel. Esa misma luz que me saca de la soledad me hace también valorar lo mucho que me ha aportado todo este tiempo el vacío en el que me he visto sumido todos estos años. No. Yo no voy a atacar ni a criticar a la soledad que tantas amarguras me ha dado. Al contrario. Aquí quiero agradecerle lo mucho que me ha enseñado.
Gracias, muchas gracias a esa puñeteramente buena soledad.
Tachada de mezquina, cruel y tacaña, que solo quiere para ella las presas que caen en sus redes. No importa la edad, el sexo o la distinción social; todos tenemos que enfrentarnos a la soledad en algún momento de nuestra vida en mayor o menor magnitud. La soledad es realmente subjetiva. Para algunos es, superficialmente, pasar un fin de semana sin salir con los amigos; para otros es (desde un punto de vista más extremo, pero desgraciadamente, sin dejar de ser real) sufrir una infancia entera de marginación y acoso. Sea como fuere, todos tenemos que mirar a la soledad a la cara alguna vez y sacarle los dientes. Ese es el fundamento de la soledad. Una prueba en que, obviamente, solo nosotros mismos podemos afrontar. La lucha contra la soledad nos muestra que cada uno tiene su propia vida, y nos enseña cómo manejarla nosotros solos y a orientarla hacia donde nosotros queremos, sin contar con ayuda u opiniones ajenas.
Esa es mi perspectiva de la vida. Un desafío. Una batalla que hay que librar por cojones. Es dura, no voy a decir lo contrario, pero aquellos que consiguen ganarla son capaces de conseguir todo aquello que se propongan. No es ni amargo ni apenado, como lo pinta la gente. Lo divulgan así aquellos que no son capaces de superar su propia soledad; y como amargados que son, llenos de envidia hacia aquellos que sí consiguieron ejecutar a su desamparo, intimidan a los que siguen sumidos en la soledad para evitar que salgan por miedo a lo que pueda haber más allá de ella.
Yo estoy empezando a salir de mi soledad. Lo sé porque noto el brillo y el calor de esa luz que tanto dicen que se ve al final del túnel. Esa misma luz que me saca de la soledad me hace también valorar lo mucho que me ha aportado todo este tiempo el vacío en el que me he visto sumido todos estos años. No. Yo no voy a atacar ni a criticar a la soledad que tantas amarguras me ha dado. Al contrario. Aquí quiero agradecerle lo mucho que me ha enseñado.
Gracias, muchas gracias a esa puñeteramente buena soledad.
FRASES II
No tienes que tener fe en algo porque exista o no, sino porque te infunda a ti una razón para existir.
INSTINTO ANIMAL
El ser humano, por muchas capacidades que desarrolle y por mucho que avance la evolución, siempre va a ser lo que es; un animal, y como tal somos inevitablemente fieles a nuestros instintos. Atavismos legados de nuestros antepasados, que les impulsaban a disputarse principalmente territorios y poder. Nosotros, los que presumimos científica e intelectualmente, que carecemos de garras, colmillos o cuernos para poder defendernos y mismamente pelear, nosotros; los humanos, nos enfrentamos simplemente por todo. El instinto del "el más fuerte sobrevive" se convierte en las personas en "el más fuerte sobrevive, y además puede joder al resto".
Los humanos somos infinitamente avaros y codiciosos, por lo que no nos conformamos con alcanzar nuestros objetivos. Ni mucho menos. Cuanto más cazamos y abarcamos, más poderosos nos sentimos. Parece como si fuera cíclico. Nos sentimos vacíos, y vamos en busca de algo que nos consiga llenar. Sin embargo, una vez que lo tenemos, nos vuelve a imbuir ese sentimiento vacuo; por lo que perseguimos a una nueva presa que nos hace sentir nuevamente triviales e inútiles. Pero somos tan sumamente estúpidos que no nos damos cuenta de ello.
Otro impulso legado por nuestros "ancestros" es el miedo. Todo animal tiene miedo de su depredador, y nosotros somos nuestros propios cazadores. No hace falta llegar al extremo del canibalismo o del asesinato, pero sí echar un vistazo a la vida cotidiana. El que tiene más es reconocido como el más poderoso. Es por eso por lo que, a pesar de las huelgas, nadie encara a un político; es por eso por lo que nadie cuestiona a un erudito y por eso hay gente que se tapa al cambiarse en los vestuarios, porque si hay alguien que tenga más que tú te pisoteará. Bromas aparte y volviendo al tema; animales fuimos, animales somos y animales seremos, y como tales estaremos siempre cazando, huyendo, formando manadas... lo que hacen los animales.
Aunque, será por la evolución o por mérito propio, cada vez somos más conscientes de todo lo que nos rodea; naturaleza, espacio, historia, e incluso las mismas personas, y esa gente que se da cuenta de ello retorna al nomadismo, yendo de un lugar a otro en busca de algo. No sé el qué, pero algo. Y en esa búsqueda consigue que otras personas se den cuenta de los animales que son, y siguen su ejemplo, y así sucesivamente. Por eso a veces es mejor dejarse de manadas y, como hacen los animales, aprender a volar por nosotros mismos.
Los humanos somos infinitamente avaros y codiciosos, por lo que no nos conformamos con alcanzar nuestros objetivos. Ni mucho menos. Cuanto más cazamos y abarcamos, más poderosos nos sentimos. Parece como si fuera cíclico. Nos sentimos vacíos, y vamos en busca de algo que nos consiga llenar. Sin embargo, una vez que lo tenemos, nos vuelve a imbuir ese sentimiento vacuo; por lo que perseguimos a una nueva presa que nos hace sentir nuevamente triviales e inútiles. Pero somos tan sumamente estúpidos que no nos damos cuenta de ello.
Otro impulso legado por nuestros "ancestros" es el miedo. Todo animal tiene miedo de su depredador, y nosotros somos nuestros propios cazadores. No hace falta llegar al extremo del canibalismo o del asesinato, pero sí echar un vistazo a la vida cotidiana. El que tiene más es reconocido como el más poderoso. Es por eso por lo que, a pesar de las huelgas, nadie encara a un político; es por eso por lo que nadie cuestiona a un erudito y por eso hay gente que se tapa al cambiarse en los vestuarios, porque si hay alguien que tenga más que tú te pisoteará. Bromas aparte y volviendo al tema; animales fuimos, animales somos y animales seremos, y como tales estaremos siempre cazando, huyendo, formando manadas... lo que hacen los animales.
Aunque, será por la evolución o por mérito propio, cada vez somos más conscientes de todo lo que nos rodea; naturaleza, espacio, historia, e incluso las mismas personas, y esa gente que se da cuenta de ello retorna al nomadismo, yendo de un lugar a otro en busca de algo. No sé el qué, pero algo. Y en esa búsqueda consigue que otras personas se den cuenta de los animales que son, y siguen su ejemplo, y así sucesivamente. Por eso a veces es mejor dejarse de manadas y, como hacen los animales, aprender a volar por nosotros mismos.
LAS ÚLTIMAS LETRAS DE MI JUVENTUD
No puedo negar que el pesar me abruma.
Tras tornar en tinta lo que fue lágrima,
tras poner mi fe en una mera pluma,
tas encontrar cura a mi apenada ánima
Siento que mi luz se convierte en bruma,
y tras ver mis obras página a página
viran de rosas a zarzas oscuras,
pues no han visto mi pena así de álgida.
Mi ruda imaginación peregrina
la ha encerrado entre cuatro paredes
el destino, de una forma ladina,
mostrando otra vez sus magnos poderes.
Y poniendo de excusa, algo supina,
que debo centrarme en mis deberes
culpando a mi ciega fe por mezquina
y no estar pendiente a mis quehaceres.
Me acusan algunos de ser insulso
lanzándoles flechas envenenadas
a mis obras, y me llaman inculto
por hacer de un arte un cuento de hadas.
Mas prefiero rechazar sus insultos
evadiéndome en mi mente alocada,
la cual ella misma impone el indulto
a los que nos ofenden como si nada.
Resurgiré algún día como el ave fénix
pero ahora me toca ser ceniza;
mas cuando vuelva alcanzaré mi cénit
y haré de mis cadenas simples trizas.
De momento mi obra se queda estéril
y mis hojas blancas como la tiza
no parirán mi trazo, intenso o débil,
ni mi mente e ideas escurridizas.
Nunca pensé que esto acabaría así;
teniendo a mi sueño como una cruz,
viendo cómo se hace tan infeliz
la esperanza que tuve por virtud.
Contra mi ser me voy a despedir:
Hasta otra, pluma negra y tinta azul.
Juro que estoy sufriendo al escribir
las últimas letras de mi juventud...
Tras tornar en tinta lo que fue lágrima,
tras poner mi fe en una mera pluma,
tas encontrar cura a mi apenada ánima
Siento que mi luz se convierte en bruma,
y tras ver mis obras página a página
viran de rosas a zarzas oscuras,
pues no han visto mi pena así de álgida.
Mi ruda imaginación peregrina
la ha encerrado entre cuatro paredes
el destino, de una forma ladina,
mostrando otra vez sus magnos poderes.
Y poniendo de excusa, algo supina,
que debo centrarme en mis deberes
culpando a mi ciega fe por mezquina
y no estar pendiente a mis quehaceres.
Me acusan algunos de ser insulso
lanzándoles flechas envenenadas
a mis obras, y me llaman inculto
por hacer de un arte un cuento de hadas.
Mas prefiero rechazar sus insultos
evadiéndome en mi mente alocada,
la cual ella misma impone el indulto
a los que nos ofenden como si nada.
Resurgiré algún día como el ave fénix
pero ahora me toca ser ceniza;
mas cuando vuelva alcanzaré mi cénit
y haré de mis cadenas simples trizas.
De momento mi obra se queda estéril
y mis hojas blancas como la tiza
no parirán mi trazo, intenso o débil,
ni mi mente e ideas escurridizas.
Nunca pensé que esto acabaría así;
teniendo a mi sueño como una cruz,
viendo cómo se hace tan infeliz
la esperanza que tuve por virtud.
Contra mi ser me voy a despedir:
Hasta otra, pluma negra y tinta azul.
Juro que estoy sufriendo al escribir
las últimas letras de mi juventud...
FALLAR Y SER FALLADO
Las personas estamos preparadas para fallar y ser fallados desde el momento en el que nacemos. La personalidad humana efimeriza palabras tan aparentemente imprescindibles como "amigo", "amistad" o "lealtad". La raza humana nunca alcanzará la perfección, ya que estamos condenados a caminar tropiezo tras tropiezo, fracaso tras fracaso, bien porque nos ponen la zancadilla desde atrás o porque decidimos ser nosotros quienes la ponemos al de delante. Cuando buscamos a nuestro verdadero amor, estamos en verdad tras alguien que creemos que no nos va a fallar, y por culpa de nuestra terquedad humana, no cesamos en nuestro empeño. Queremos encontrar a ese alguien perfecto para nosotros. Alguien fiel. Alguien que nunca te falle, y por lo tanto perfecto.
Pero la perfección no existe. No. Igual que tropezamos para fallar, tropezamos para ser fallados. Por instinto propio necesitamos depositar nuestra confianza en los demás, tener a ese confidente al que confesar tus problemas, necesitamos huir de la soledad aunque ello suponga tocarse y hundirse una y otra y otra vez. Somos así de estúpidos y ciegos. Preferimos ir en busca de la perfección, aunque suponga tropezar persona por persona, que conformarnos con las imperfecciones de la gente. Somos así. Irónicamente buscamos no sufrir fallando y siendo fallados toda nuestra vida. Estamos encadenados a esta condición como personas, aunque nos agrade más o menos. Siempre vamos a tener el sabor de la amarga miel del error en la punta de nuestra lengua con cada hálito.
Yo fallaré. Tú fallarás. Nosotros fallaremos y nos fallarán. No existe remedio. Solo queda aprender a convivir con ello y aprender a andar de rodillas para que no sean tan grandes las caídas. La perfección no existe. La confianza no existe. Lo único real es el escozor de las cicatrices que tenemos grabadas a fuego en nuestro corazón, pero que nunca llegarán a cerrarse por completo. Lo único real es el miedo al dolor. El miedo a caerse. El miedo a sufrir.
Pero la perfección no existe. No. Igual que tropezamos para fallar, tropezamos para ser fallados. Por instinto propio necesitamos depositar nuestra confianza en los demás, tener a ese confidente al que confesar tus problemas, necesitamos huir de la soledad aunque ello suponga tocarse y hundirse una y otra y otra vez. Somos así de estúpidos y ciegos. Preferimos ir en busca de la perfección, aunque suponga tropezar persona por persona, que conformarnos con las imperfecciones de la gente. Somos así. Irónicamente buscamos no sufrir fallando y siendo fallados toda nuestra vida. Estamos encadenados a esta condición como personas, aunque nos agrade más o menos. Siempre vamos a tener el sabor de la amarga miel del error en la punta de nuestra lengua con cada hálito.
Yo fallaré. Tú fallarás. Nosotros fallaremos y nos fallarán. No existe remedio. Solo queda aprender a convivir con ello y aprender a andar de rodillas para que no sean tan grandes las caídas. La perfección no existe. La confianza no existe. Lo único real es el escozor de las cicatrices que tenemos grabadas a fuego en nuestro corazón, pero que nunca llegarán a cerrarse por completo. Lo único real es el miedo al dolor. El miedo a caerse. El miedo a sufrir.
miércoles, 14 de enero de 2015
MIEDO A LO DIFERENTE
La sesión de hoy de ejercicio no ha sido muy intensa, pero bueno, lo suficiente para decir que "he hecho ejercicio". Eso sí, lo que no ha cambiado esta tarde ha sido mi vuelta a casa. Cinco minutos a pie hasta mi casa, en los que aprovecho para darle vueltas al coco mientras me embeleso con la luz de la Luna (reconozco que soy un aficionado a la astronomía, y me encanta mirar el firmamento nocturno cuando está despejado). Cada tarde-noche vuelvo a mi hogar con una idea en la cabeza, pero la de hoy quisiera comentarla con vosotros para que me deis vuestra opinión, ya que me ha llamado a mí mismo la atención: ¿Por qué la gente tiene miedo a lo diferente, o a los diferentes? ¿Por qué lo excluye, lo rechaza? Queriendo darle algún sentido (porque, para mí al menos, no tiene ningún sentido), le he intentado buscar algunas respuestas en plan: "porque el hombre por naturaleza rechaza a aquello que no entra en su entendimiento", "porque, como animales que somos en verdad, tenemos miedo a lo extraño" o "porque, en un mundo globalizado y socializado como el de hoy, las personas excluyen a aquellas que no están "a la moda" o siguiendo las convenciones sociales"...etc, etc, etc. Y así una tras otra sin conseguir hallar con una solución que me convenciese, hasta que me di cuenta de una cosa..."moda"... ¿Qué es una moda?
Una moda, si no lo malinterpreto, surge cuando a alguien se le ocurre una idea, un estilo, y lo aplica para sí mismo. Resulta que esa idea gusta a los de su entorno, por lo que lo imitan, y a la vez los del entorno de estos lo imitan también, y así sucesivamente... hasta crear los que es una moda. Pero... un pequeño detalle que puede que hayáis saltado por alto. Para crear una moda, ¿no hay que crear algo diferente primero? Y si es así, ¿por qué aun así le seguimos teniendo miedo a las personas diferentes, esas que no encajan en ningún esquema social? No es la primera vez que me hago esta pregunta, pero si la que más he profundizado, aunque sigo sin encontrar un motivo concreto por el cuál este tipo de personas son tan excluidas por todos los clasicismos actuales.
Solo sé eso, existen las personas diferentes. Personas que, desde mi punto de vista, son superiores a la mayoría, ya que esas personas poseen algo que las normales no tienen: libertad. Libertad para elegir lo que ellos quieren hacer sin miedo a fallar a la doctrina que exigen los estatutos sociales, y sin miedo a fallarse a sí mismos porque esas personas son, como he dicho, libres, y es tal la libertad que tienen que son capaces de tomar caminos que les beneficien a ellos y a los de su aprecio. Son tan libres, tan únicos, que nos aterra asumir semejante responsabilidad, por si no fuéramos capaces de manejarla tal y como lo hacen ellos. A pesar de toda esta parrafada, sigo sin comprender esta exclusión y repudio, y no sé si algún día llegaré a entenderlo, pero no voy a hacer como los normales. Seguiré pensando sobre esto, aunque también escribiendo esto, me he dado cuenta de una cosa: puede que cuando alguien sepa qué es ser diferente, es porque se ha convertido de uno de ellos...
Una moda, si no lo malinterpreto, surge cuando a alguien se le ocurre una idea, un estilo, y lo aplica para sí mismo. Resulta que esa idea gusta a los de su entorno, por lo que lo imitan, y a la vez los del entorno de estos lo imitan también, y así sucesivamente... hasta crear los que es una moda. Pero... un pequeño detalle que puede que hayáis saltado por alto. Para crear una moda, ¿no hay que crear algo diferente primero? Y si es así, ¿por qué aun así le seguimos teniendo miedo a las personas diferentes, esas que no encajan en ningún esquema social? No es la primera vez que me hago esta pregunta, pero si la que más he profundizado, aunque sigo sin encontrar un motivo concreto por el cuál este tipo de personas son tan excluidas por todos los clasicismos actuales.
Solo sé eso, existen las personas diferentes. Personas que, desde mi punto de vista, son superiores a la mayoría, ya que esas personas poseen algo que las normales no tienen: libertad. Libertad para elegir lo que ellos quieren hacer sin miedo a fallar a la doctrina que exigen los estatutos sociales, y sin miedo a fallarse a sí mismos porque esas personas son, como he dicho, libres, y es tal la libertad que tienen que son capaces de tomar caminos que les beneficien a ellos y a los de su aprecio. Son tan libres, tan únicos, que nos aterra asumir semejante responsabilidad, por si no fuéramos capaces de manejarla tal y como lo hacen ellos. A pesar de toda esta parrafada, sigo sin comprender esta exclusión y repudio, y no sé si algún día llegaré a entenderlo, pero no voy a hacer como los normales. Seguiré pensando sobre esto, aunque también escribiendo esto, me he dado cuenta de una cosa: puede que cuando alguien sepa qué es ser diferente, es porque se ha convertido de uno de ellos...
VIOLANTE AHORA VA A POR MÍ
Violante ahora me manda un terceto
o una serie de ellos mejor escribo
por si este primero saliera algo escueto.
Yo quiero ver cómo sale el intento
y en parte también cómo la termino,
a ver si acaba mejor de lo que espero.
En el tercero ya he puesto mi pluma
y mejor pensado cambio de rima
para que el lector así no se aburra.
La cuarta estrofa...puf...a mí me abruma.
Me entra el miedo de estropear la medida
de once sílabas por verso cada una.
La cuarta estrofa la fui terminando
y la quinta ahora la voy escribiendo
aunque así mismo la voy acabando.
Con esta van seis, las estoy contando,
y desgraciadamente voy sintiendo
que de escribir me estoy cansando.
De la séptima estrofa es el entrante
el anterior verso que he escrito lo era,
y en este otro escribo el punto y aparte.
Ocho van ya, sigamos adelante,
y ahora que lo noto parezco Vega
en el soneto que mandó Violante.
En la novena estrofa voy a entrar
y por desgracia me voy a temer
que en la siguiente iré a terminar.
Poneos ahora las estrofas a contar.
Con esta última, yo cuento, van diez,
y en este verso pongo el punto y final.
o una serie de ellos mejor escribo
por si este primero saliera algo escueto.
Yo quiero ver cómo sale el intento
y en parte también cómo la termino,
a ver si acaba mejor de lo que espero.
En el tercero ya he puesto mi pluma
y mejor pensado cambio de rima
para que el lector así no se aburra.
La cuarta estrofa...puf...a mí me abruma.
Me entra el miedo de estropear la medida
de once sílabas por verso cada una.
La cuarta estrofa la fui terminando
y la quinta ahora la voy escribiendo
aunque así mismo la voy acabando.
Con esta van seis, las estoy contando,
y desgraciadamente voy sintiendo
que de escribir me estoy cansando.
De la séptima estrofa es el entrante
el anterior verso que he escrito lo era,
y en este otro escribo el punto y aparte.
Ocho van ya, sigamos adelante,
y ahora que lo noto parezco Vega
en el soneto que mandó Violante.
En la novena estrofa voy a entrar
y por desgracia me voy a temer
que en la siguiente iré a terminar.
Poneos ahora las estrofas a contar.
Con esta última, yo cuento, van diez,
y en este verso pongo el punto y final.
ESOS BONICOS DIBUS...
Qué bonicos eran los dibujos animados de cuando éramos pequeños. Aquellas series con las que nos hemos podido gastar horas y días de nuestra infancia mirando fijamente a una pantalla brillante embobados como lo que éramos; unos críos. Esas eternas batallas entre los buenos y los malos, la luz y la oscuridad, que luego comentábamos en los recreos con nuestros amigos del cole. Pero conforme crecíamos y madurábamos, esos conceptos del Bien y del Mal se desvanecían como simples juegos de niños. Sin embargo, aunque no lo parezca, nada está más lejos de la realidad. Los malos sí que están ahí fuera, en la calle. Esos malos todo poderosos que roban a los pobres para hacerse más poderosos aún. Esos malos que se protegen en sus inexpugnables fortalezas de poder y jerarquía social. Esos malos que crean armas letales, y no solo los que investigan armamento, sino aquellos inexpertos que juegan con las vidas ajenas. Esos malos que menosprecian a la "plebe" tras su dura máscara de hierro helado. Malos que, aun no contentos con todo lo que tienen, buscan más y más y más, sin importar quién se ponga en medio. Esos malos que, a pesar de estar en el siglo XXI, continúan proliferando como conejos, y que las nuevas leyes y derechos solo les sirve para encontrar vías mucho más eficaces de "salirse con la suya". Como veis, los dibus de los que nos reímos ahora al recordarlos no están tan alejados del mundo real. Solamente hay una pequeña diferencia: En el mundo real, desgraciadamente, no existen héroes que nos salven...
martes, 13 de enero de 2015
ENTRE EL VACÍO Y LAS LLAMAS
Nunca es fácil olvidar. Más duro aún es olvidar algo que no sabes cómo acabó. Parece una tontería, pero es más importante de lo que aparenta. No es lo mismo grabar una derrota que con el tiempo (queramos o no) crecerá hasta convertirse en rencor y niebla, que guardar en tu memoria una victoria a la cuál aferrarte en tu próxima batalla. Por eso el limbo entre lo bueno y lo malo nos asusta tanto, porque no sabemos cómo reaccionar ante ello, tiene que ser o una cosa u la otra.
Tampoco sabemos qué hacer con las primeras veces. Por eso las guardamos en la memoria, y por eso las tenemos siempre en nuestros recuerdos. Las primeras veces nos hacen rememorar cómo fue para nosotros sentir por primera vez ese abanico de emociones y de latidos acelerados que palpitaban en nuestros inocentes corazones. Las primeras veces marcan en uno mismo cómo son los sentimientos en su estado puro, ya que te las encuentras tal como son, sin meditarlas ni indagar en ellas.
En parte tiene sentido. Una chica no se va a acordar de qué ponía en el tatuaje del chico con el que estuvo saliendo una semana por pena, ni tampoco un chico se va a acordar de dónde tenía el piercing la chica con la que se enrolló en una fiesta. Esas cosas no se recuerdan, es más, con suerte siguen en tu memoria a la semana después. No. Lo que uno no puede olvidar es de qué color son los ojos de la primera chica que te hizo sentir los nervios a flor de piel. Lo que no podemos borrar es cuán cálidas tenía las manos cuando las ponía en tu espalda mientras clavaba sus pupilas en las tuyas. El aroma de su perfume y de su aliento cuando lo exhalaba en tus labios, cara con cara, un segundo antes de cerrar los párpados y sentir la pasión que pueden encerrar unos labios tan finos y suaves. El sonido de los labios al despegarse, un sonido muy estúpidamente simple, pero que necesitas repetirlo una y otra vez... No se puede olvidar nunca cuando uno ama, no quiere, ama por primera vez. Eso y mucho más es lo que recuerdo de ti.
Sí, algunos dirán que sí se puede olvidar, pero no hablan de lo mismo. Ellos quieren decir que lo "han superado", que han aprendido a pasar página de aquello para seguir adelante, pero no. Seguro que no han podido olvidar todos esos detalles que marcaron esa relación o amor. Es imposible. Como he dicho antes, no es un recuerdo normal, es algo que llevas grabado, que no se puede borrar.
Yo, por el momento, me mantengo en el borde el precipicio. Miro hacia abajo y no veo más que vacío. Sin embargo, miro hacia atrás y veo a un bosque idílico en llamas, y no sé por qué suplicio decantarme. La incertidumbre, como en otros aspectos de la vida, sigue rondándome, hasta que llegue el momento en que o las llamas me alcancen o en que la gravedad me haga caer. Y la verdad, no sé cuál de los dos es peor. Espero a que me guíes qué camino coger, ya que por primera vez en mi vida he encontrado a algo de lo que no puedo salir solo. Necesito ayuda, e irónicamente tiene que ser la tuya.
Tampoco sabemos qué hacer con las primeras veces. Por eso las guardamos en la memoria, y por eso las tenemos siempre en nuestros recuerdos. Las primeras veces nos hacen rememorar cómo fue para nosotros sentir por primera vez ese abanico de emociones y de latidos acelerados que palpitaban en nuestros inocentes corazones. Las primeras veces marcan en uno mismo cómo son los sentimientos en su estado puro, ya que te las encuentras tal como son, sin meditarlas ni indagar en ellas.
En parte tiene sentido. Una chica no se va a acordar de qué ponía en el tatuaje del chico con el que estuvo saliendo una semana por pena, ni tampoco un chico se va a acordar de dónde tenía el piercing la chica con la que se enrolló en una fiesta. Esas cosas no se recuerdan, es más, con suerte siguen en tu memoria a la semana después. No. Lo que uno no puede olvidar es de qué color son los ojos de la primera chica que te hizo sentir los nervios a flor de piel. Lo que no podemos borrar es cuán cálidas tenía las manos cuando las ponía en tu espalda mientras clavaba sus pupilas en las tuyas. El aroma de su perfume y de su aliento cuando lo exhalaba en tus labios, cara con cara, un segundo antes de cerrar los párpados y sentir la pasión que pueden encerrar unos labios tan finos y suaves. El sonido de los labios al despegarse, un sonido muy estúpidamente simple, pero que necesitas repetirlo una y otra vez... No se puede olvidar nunca cuando uno ama, no quiere, ama por primera vez. Eso y mucho más es lo que recuerdo de ti.
Sí, algunos dirán que sí se puede olvidar, pero no hablan de lo mismo. Ellos quieren decir que lo "han superado", que han aprendido a pasar página de aquello para seguir adelante, pero no. Seguro que no han podido olvidar todos esos detalles que marcaron esa relación o amor. Es imposible. Como he dicho antes, no es un recuerdo normal, es algo que llevas grabado, que no se puede borrar.
Yo, por el momento, me mantengo en el borde el precipicio. Miro hacia abajo y no veo más que vacío. Sin embargo, miro hacia atrás y veo a un bosque idílico en llamas, y no sé por qué suplicio decantarme. La incertidumbre, como en otros aspectos de la vida, sigue rondándome, hasta que llegue el momento en que o las llamas me alcancen o en que la gravedad me haga caer. Y la verdad, no sé cuál de los dos es peor. Espero a que me guíes qué camino coger, ya que por primera vez en mi vida he encontrado a algo de lo que no puedo salir solo. Necesito ayuda, e irónicamente tiene que ser la tuya.
UNAS POCAS LETRAS DE AMOR...
Puedo escribirte los versos más tristes esta noche, como diría Neruda; amar es mirar juntos en la misma dirección, como dijo Saint-Exupéry; y amar es el mayor misterio que nos podemos encontrar en la vida, como digo yo. Yo, que te amo más que a nada, aún no sé definir qué es el amor. Yo que velo noches y sueños por tenerte en mi mente, yo que cuento segundos como días en tu espera, yo que no veo la luz del Sol si no estás ahí para despejarme las nubes, ese yo no sabe aún cómo te puede amar tanto. Y es que cuanto más amas o quieres, más perdido estás. Es como el laberinto de Creta, pero en vez de buscar la salida buscas a que te pille el minotauro por los cuernos. Cuando uno ama de verdad, no puede esconder su verdadera personalidad. Cuando uno ama... bah. Dejadlo. No sé que hago intentando reflejar algo tan infinitamente complejo como el amor. Miles de escritores a lo largo de la Historia, incluyéndome a mí, han querido plasmar su visión del amor en sus letras. Pero, aunque juntásemos todas las obras que se han escrito sobre el amor, aún estaríamos a años luz de encontrar un significado al amor. Es imposible. Y es que el amor igual que hace florecer a la más bella rosa en el más frío invierno, puede hacer añicos el corazón más duro. El amor es amor, y a tu lado es simplemente maravilloso, ya que no existe nada mejor que el amor correspondido. Ya que no existe nada mejor que estar a tu lado. Siempre te daré la mano cuando el resto te den de codo; siempre llenaré de estrellas tus noches más tenebrosas; siempre te prometeré el universo cuando otros solo pretendan darte la Luna; y siempre, y cuando digo siempre es siempre, voy a intentar hacerte feliz. Puede que esto sea el amor; dedicar tu vida a hacer feliz a esa persona que tanto quieres, ¿y sabes qué? Aunque esto sea cosa de ciegos, de locos, de sentimentales, de todas esas cosas que la gente da de lado, yo lo haré, porque si no lo hiciera es porque no te querría lo suficiente. Y he aquí unas pocas letras de amor que tenía la necesidad de decirte, como otras muchas cosas más, pero no puedo escribirlas porque, al igual que el amor mismo, son infinitas...
lunes, 12 de enero de 2015
LA PERFECTA IMPERFECCIÓN
De la búsqueda de la perfección nacen las imperfecciones. Una frase muy controvertida, pero cierta. El ser humano tiende (más por codicia que por instinto) a ser perfecto, a taponar todas las grietas vacías que puedan haber en ese muro endeble de adobe que es nuestro corazón. Pero la gente no sabe ver que de por sí las personas comos perfectas, precisamente por esos defectos que tanto intentamos extirpar de nosotros, pero que nos definen cómo somos cada uno. Esos defectos nos hacen únicos. En eso se basa la perfección humana: en que, siendo tantos individuos de una misma especie ocupando un planeta entero, seamos todos tan increíblemente distintos. Esa es la verdadera perfección: ser uno mismo.
Sin embargo, como he mencionado antes, los hombres nos movemos principalmente por pura avaricia e interés, y tanto es así que nuestros ojos no ven la perfección más allá de las mansiones, los trajes de marca, la imagen, el dinero, la reputación... en general, bienes superfluos que, en la mayoría de ocasiones, supone renunciar a uno mismo por alcanzar esa efímera felicidad, y por tanto renegar a esa auténtica perfección. Todo por esos besos de Judas, esos espejismos, esas alucinaciones que van perdiendo poco a poco a las personas hasta que ellas mismas se hacen presas de sus posesiones. Dejan de ser personas para convertirse en los dueños de cualquier cosa menos de sí mismos. Todos tenemos, sin excepción, ese punto de egoísmo que nos puede hacer ceder ante el capricho, que nos puede hacer caer para vivir arrastrados en el suelo... Ese egoísmo que, en definitiva, puede hacernos preferir a esa "imperfecta perfección" antes de la verdadera "imperfección perfecta"...
Sin embargo, como he mencionado antes, los hombres nos movemos principalmente por pura avaricia e interés, y tanto es así que nuestros ojos no ven la perfección más allá de las mansiones, los trajes de marca, la imagen, el dinero, la reputación... en general, bienes superfluos que, en la mayoría de ocasiones, supone renunciar a uno mismo por alcanzar esa efímera felicidad, y por tanto renegar a esa auténtica perfección. Todo por esos besos de Judas, esos espejismos, esas alucinaciones que van perdiendo poco a poco a las personas hasta que ellas mismas se hacen presas de sus posesiones. Dejan de ser personas para convertirse en los dueños de cualquier cosa menos de sí mismos. Todos tenemos, sin excepción, ese punto de egoísmo que nos puede hacer ceder ante el capricho, que nos puede hacer caer para vivir arrastrados en el suelo... Ese egoísmo que, en definitiva, puede hacernos preferir a esa "imperfecta perfección" antes de la verdadera "imperfección perfecta"...
UNA ÚNICA RELIGIÓN
Todos somos cristianos. Todos somos musulmanes. Todos somos judíos, budistas, hinduístas y ateos. Todos creemos en un "dios" que dirige nuestra vida, aunque le adjudiquemos distintos nombres. Algunos lo llaman Mesías, otros Yahvé, Ála, Buda y otros simplemente le llaman destino.
La vida es tan compleja y está concernida por tantos misterios que no somos capaces de imaginar que somos nosotros quienes llevamos las riendas, y necesitamos creer que es otro ente quien nos maneja. Necesitamos a alguien a quien culparle de nuestros males, alguien con quien hablar cuando estamos solos, alguien a quien maldecir en nuestros peores momentos. Para ello tomamos la idea de ese Dios "omnipresente" del que casualmente nos acordamos de él o por costumbre o cuando nos interesa. Un Dios que nos hace hablar con nosotros mismos, y por lo tanto, nos hace pensar. Nos hace replantearnos nuestra vida. Culpamos a quien sea que haya arriba cuando erramos al tomar un camino, pero cuando se llena de rosas nos olvidamos de él. Lo que nadie ve es que Dios somos nosotros mismos. No hablo de la figura omnipoderosa y justiciera que se encuentran en los escritos sagrados, sino del Dios sensato, el Dios que piensa. Somos nuestro propio Dios. No hablamos con nadie cuando "suplicamos al cielo" mas que con nosotros. Es nuestra propia sombra la que se retuerce con nosotros en nuestras noches más fúnebres. Aunque ese Dios "nos lleve en brazos", somos nosotros quienes dejamos las huellas en nuestro camino y somos nosotros los que avanzamos, ya que ese Dios está siempre ahí, y siempre será el mismo mientras nosotros vamos cambiando con el paso del tiempo.
No digo con esto que esa figura celestial idolatrada no exista. Es verdad que está ahí siempre, pero no arriba, más allá de las nubes, sino en nuestro interior. Todo el mundo compartimos una fe común, todos creemos que hay algo que nos habla y nos guía, aunque cada uno la interpreta de forma distinta. Cristianos y musulmanes no son tan distintos después de todo, ni hay tanta desigualdad entre un judío y un ateo. Todos compartimos los mismos principios, la misma esencia, la misma fe...
La vida es tan compleja y está concernida por tantos misterios que no somos capaces de imaginar que somos nosotros quienes llevamos las riendas, y necesitamos creer que es otro ente quien nos maneja. Necesitamos a alguien a quien culparle de nuestros males, alguien con quien hablar cuando estamos solos, alguien a quien maldecir en nuestros peores momentos. Para ello tomamos la idea de ese Dios "omnipresente" del que casualmente nos acordamos de él o por costumbre o cuando nos interesa. Un Dios que nos hace hablar con nosotros mismos, y por lo tanto, nos hace pensar. Nos hace replantearnos nuestra vida. Culpamos a quien sea que haya arriba cuando erramos al tomar un camino, pero cuando se llena de rosas nos olvidamos de él. Lo que nadie ve es que Dios somos nosotros mismos. No hablo de la figura omnipoderosa y justiciera que se encuentran en los escritos sagrados, sino del Dios sensato, el Dios que piensa. Somos nuestro propio Dios. No hablamos con nadie cuando "suplicamos al cielo" mas que con nosotros. Es nuestra propia sombra la que se retuerce con nosotros en nuestras noches más fúnebres. Aunque ese Dios "nos lleve en brazos", somos nosotros quienes dejamos las huellas en nuestro camino y somos nosotros los que avanzamos, ya que ese Dios está siempre ahí, y siempre será el mismo mientras nosotros vamos cambiando con el paso del tiempo.
No digo con esto que esa figura celestial idolatrada no exista. Es verdad que está ahí siempre, pero no arriba, más allá de las nubes, sino en nuestro interior. Todo el mundo compartimos una fe común, todos creemos que hay algo que nos habla y nos guía, aunque cada uno la interpreta de forma distinta. Cristianos y musulmanes no son tan distintos después de todo, ni hay tanta desigualdad entre un judío y un ateo. Todos compartimos los mismos principios, la misma esencia, la misma fe...
MI DESPEDIDA PARA AÑO NUEVO
Ya queda menos para Nochevieja, las campanadas de año nuevo, ese 2015 que algunos esperan con los brazos abiertos mientras otros desearían rehuirlo, ese gran acontecimiento que se anuncia en todos los medios. Este es probablemente el último post que escriba este año y quisiera dedicarlo a todos vosotros los que me leéis con mayor o menor frecuencia. A todos aquellos que dais vida y que protegéis con vuestro plumón de ansias de lector a este humilde y (en ocasiones) estúpido blog que rompió el cascarón hace apenas dos meses. Me siento realmente orgulloso por todos los comentarios que he ido recibiendo desde el nacimiento de este espacio. Casi todos comentarios de asombro y adulación hacia las cosas y temas que escribo prácticamente de manera rutinaria (ahora con un poco más tardíos, eso es cierto) y desde lugares tan diversos como Canarias, Asturias, Madrid, Sevilla, sin olvidar por supuesto el aprecio y el apoyo de mis cercanos y seres queridos. Como dije en un principio este es solo el comienzo de un gran sueño, pero gracias a vosotros puedo seguir adelante. Espero que el año que viene sea igual o mejor. ¡Muchas gracias a todos, y os deseo a todos un feliz 2015!
AMOR POR WHATSAPP
Es sorprendente la cantidad de jóvenes con talento que se conoce en este "mundillo". Y no digo que sea incómodo, al contrario, da gusto poder compartir ideas y obras cara a cara con otra persona y poder enriquecerte al compartir los estilos. Me gustaría apoyar a mis "compañeros de profesión" de la misma forma que me gustaría que ellos lo hicieran conmigo: recomendando sus páginas y obras a mis lectores para que, al igual que se pasan a ver mis posts, ayuden también a mis compañeros con sus visitas y comentarios.
Hoy quisiera recomendaros esta obra: Amor por whatsapp, y su secuela: Conviviendo con idiotas, de ALMA_SUCIA (también conocida como Karol Fyahbwoy). Aquí os muestro el prólogo de su primera novela, Amor por whatsapp:
"Melanie Rickson, una chica obsesionada por la música, intenta crear una banda.
Empieza a poner carteles por su ciudad de Vancouver, Canadá, buscando un guitarrista, y cometió el error de poner su número de móvil. Pues, al parecer, algo hace que uno de esos carteles llegue a San Petersburgo, Rusia.
Melanie conocerá a Yannick, un chico con un pasado muy triste... ¿Pero, surgirá el amor, entre esa gran distancia?"
Disfrutad de esta novela de romance juvenil en el que abundan la interacción de los personajes a base de diálogos, un estilo directo y juvenil y elementos cómicos e intrigantes. ¡Mucho ánimo a ALMA_SUCIA y al resto de buenos escritores de mi generación a seguir escribiendo!
Enlace: http://w.tt/1F9r0Ei
Hoy quisiera recomendaros esta obra: Amor por whatsapp, y su secuela: Conviviendo con idiotas, de ALMA_SUCIA (también conocida como Karol Fyahbwoy). Aquí os muestro el prólogo de su primera novela, Amor por whatsapp:
"Melanie Rickson, una chica obsesionada por la música, intenta crear una banda.
Empieza a poner carteles por su ciudad de Vancouver, Canadá, buscando un guitarrista, y cometió el error de poner su número de móvil. Pues, al parecer, algo hace que uno de esos carteles llegue a San Petersburgo, Rusia.
Melanie conocerá a Yannick, un chico con un pasado muy triste... ¿Pero, surgirá el amor, entre esa gran distancia?"
Disfrutad de esta novela de romance juvenil en el que abundan la interacción de los personajes a base de diálogos, un estilo directo y juvenil y elementos cómicos e intrigantes. ¡Mucho ánimo a ALMA_SUCIA y al resto de buenos escritores de mi generación a seguir escribiendo!
Enlace: http://w.tt/1F9r0Ei
NUEVA SECCIÓN
¡Buenos días! (aunque luego a luego viene a ser buenas tardes...) Me gustaría inaugurar esta nueva categoría agradeciéndoos una vez más a todos aquellos que me leéis, que sois al fin y al cabo los que hacéis funcionar este blog. Cada vez recibo más comentarios y más críticas, cosa que no hace más que enorgullecerme y darme alas para seguir adelante. Gracias.
Esta sección no quisiera dedicarla para escribir obras, sino para otros asuntos que os puedan interesar sobre mi carrera literaria como concursos, recomendaciones de otros jóvenes escritores y, ¿quién sabe? Puede que incluso el lanzamiento de algún libro... ¡Exacto! Como algunos de vosotros ya sabéis estoy trabajando en una novela, y mi propósito para este año en terminarla.
También quiero animar a los que me leéis a poner comentarios en mis posts, que el blog parece más vacío... No tengáis miedo, igual que yo tampoco tengo miedo de mostrar mis pensamientos e ideas a todos.
Nada más que explicar por el momento... Solo lo de siempre, seguid recomendando mi página a vuestros conocidos y si os interesa saber más de mí meteos en esta sección. Si no... os obligaré a punta de pistola (es broma [¿o no tan broma?])
¡Espero seguir recibiendo vuestros comentarios y apoyo! ¡Y Feliz Año Nuevo!
Esta sección no quisiera dedicarla para escribir obras, sino para otros asuntos que os puedan interesar sobre mi carrera literaria como concursos, recomendaciones de otros jóvenes escritores y, ¿quién sabe? Puede que incluso el lanzamiento de algún libro... ¡Exacto! Como algunos de vosotros ya sabéis estoy trabajando en una novela, y mi propósito para este año en terminarla.
También quiero animar a los que me leéis a poner comentarios en mis posts, que el blog parece más vacío... No tengáis miedo, igual que yo tampoco tengo miedo de mostrar mis pensamientos e ideas a todos.
Nada más que explicar por el momento... Solo lo de siempre, seguid recomendando mi página a vuestros conocidos y si os interesa saber más de mí meteos en esta sección. Si no... os obligaré a punta de pistola (es broma [¿o no tan broma?])
¡Espero seguir recibiendo vuestros comentarios y apoyo! ¡Y Feliz Año Nuevo!
domingo, 11 de enero de 2015
¿CÓMO QUE HACIA DÓNDE PENSAR?
Ya nos sabes por dónde te van a venir. Estaba yo en una mañana tranquila de un día tranquilo en una biblioteca, irónicamente, no tan tranquila, cuando me crucé en la entrada con una compañera con la que solía hablar antes. Nos saludamos y na', lo típico. Hola. ¿Qué tal? Bien, bien... ¿Qué tal vas? Bueno, no me puedo quejar... ya sabéis. Pero un poco antes de entrar, pum. Bombazo. Me lanzó una mirada de curiosidad y dejó caer una pregunta al aire: ¿De qué partido eres? Sinceramente, me quedé atónito. Primero porque estoy más acostumbrado a acompañar una mañana con un desayuno que con un debate de política, y segundo porque, por mi edad y más por mi desinterés propio, la política me trae sin cuidado. Aún así no quise hacerle el feo e ignorar a mi amiga, así que contesté un simple: "Yo es que soy apolítico...". Ella, o por su empeño de indagar en mi pasividad política o bien porque era la materia que estaba estudiando en aquel momento, continuó hablándome del tema. Al principio me resultó cansino, pero luego me fijé que esa chica, las cosas que decía, las había pensado, cosa que valoré mucho, así que estuvimos discutiendo sobre el asunto dentro de la biblioteca. Por el momento, todo iba bien. Reconozco que hasta me dio gusto estar con alguien con quien compartir conocimientos e ideas, aunque fuera en un ámbito que detesto; pero una vez más dijo mi amiga de lucirse. "Por lo que veo tú eres de centro...yo soy más de izquierdas." Lo siento. Ahí me trastocó.
Es algo difícil de explicar... Las doctrinas socialistas y conservadoras (no pienso usar los términos izquierda y derecha) son en sí un conjunto de ideas que una persona formuló en su momento para dirigir a un pueblo. Cada hombre, o al menos tendría que ser así, debería ser capaz de ingeniar sus propias directrices y principios. Puedo entender que se pueda coincidir en algunos puntos entre la ideología que uno crea y la doctrina que pretenda seguir, pero lo que no consiento son a aquellos que dicen: "Soy de derechas porque no soporto a los de izquierdas..." o "Estoy completamente identificado con el programa de...". Para mí son tonterías. Son otro esfuerzo de los poderosos de conseguir manipularnos, de hacernos seguir y obedecer una doctrina para evitar crear una propia que confronte a las suyas. Una maquinación que convierte algo tan puro como el pensamiento personal en un motivo de pelea y enemistad. Una burda manera de clasificar los bandos que luchan por el Gobierno. Por eso odio la política; por lo que encierra, no por lo que debería mostrar y representar. Así que, como represalia, voy a fundar mi propio partido: el PPC, el Partido de los que Piensan por su Cuenta.
Es algo difícil de explicar... Las doctrinas socialistas y conservadoras (no pienso usar los términos izquierda y derecha) son en sí un conjunto de ideas que una persona formuló en su momento para dirigir a un pueblo. Cada hombre, o al menos tendría que ser así, debería ser capaz de ingeniar sus propias directrices y principios. Puedo entender que se pueda coincidir en algunos puntos entre la ideología que uno crea y la doctrina que pretenda seguir, pero lo que no consiento son a aquellos que dicen: "Soy de derechas porque no soporto a los de izquierdas..." o "Estoy completamente identificado con el programa de...". Para mí son tonterías. Son otro esfuerzo de los poderosos de conseguir manipularnos, de hacernos seguir y obedecer una doctrina para evitar crear una propia que confronte a las suyas. Una maquinación que convierte algo tan puro como el pensamiento personal en un motivo de pelea y enemistad. Una burda manera de clasificar los bandos que luchan por el Gobierno. Por eso odio la política; por lo que encierra, no por lo que debería mostrar y representar. Así que, como represalia, voy a fundar mi propio partido: el PPC, el Partido de los que Piensan por su Cuenta.
CUENTA...
Cuenta las estrellas,
cuéntalas todas.
Las veces que pienso en ti;
las que me enamoras.
Cuenta los sueños
y esperanzas que robas
a este pobre chico
que tu ausencia llora.
Cuenta tus cabellos negros,
tus hileras de carbón.
Cuántas veces por ti
late mi corazón.
Cuenta las veces que intento
recordar tu voz.
Cuéntalas todas y dime,
dime cuántas son.
Cuenta las veces que sueño contigo,
no te saltes ni una.
Duermo tranquilo mecido
por la luz de la luna,
musa de la que sacas
toda tu hermosura;
tan límpida, tan pálida,
tan dulce y tan pura.
Cuenta todos los segundos
que pasas en mi mente.
Cuéntalos todos, son muchos,
sé paciente.
Cuando los hayas contado
serás consciente
de lo que este iluso joven
hacia ti siente.
Cuenta todas las gotas
que yacen en el mar,
fruto de mis lágrimas
que brotan al llorar
tu desconsolada ida,
que no te vuelva a ver más.
Quiero que me digas, niña,
cuánto tendré que esperar.
Cuenta con todas mis esperanzas;
los sí, los no y los tal vez.
Las batallas que he perdido,
las que por ti ganaré.
Cuenta con mi ilusión,
cuenta con mi querer,
y cuenta conque algún día
nos volveremos a ver...
cuéntalas todas.
Las veces que pienso en ti;
las que me enamoras.
Cuenta los sueños
y esperanzas que robas
a este pobre chico
que tu ausencia llora.
Cuenta tus cabellos negros,
tus hileras de carbón.
Cuántas veces por ti
late mi corazón.
Cuenta las veces que intento
recordar tu voz.
Cuéntalas todas y dime,
dime cuántas son.
Cuenta las veces que sueño contigo,
no te saltes ni una.
Duermo tranquilo mecido
por la luz de la luna,
musa de la que sacas
toda tu hermosura;
tan límpida, tan pálida,
tan dulce y tan pura.
Cuenta todos los segundos
que pasas en mi mente.
Cuéntalos todos, son muchos,
sé paciente.
Cuando los hayas contado
serás consciente
de lo que este iluso joven
hacia ti siente.
Cuenta todas las gotas
que yacen en el mar,
fruto de mis lágrimas
que brotan al llorar
tu desconsolada ida,
que no te vuelva a ver más.
Quiero que me digas, niña,
cuánto tendré que esperar.
Cuenta con todas mis esperanzas;
los sí, los no y los tal vez.
Las batallas que he perdido,
las que por ti ganaré.
Cuenta con mi ilusión,
cuenta con mi querer,
y cuenta conque algún día
nos volveremos a ver...
MEMORIA
La memoria humana es uno de los mayores misterios que nos acontecen. Tan compleja y enrevesada como la vida y la misma Muerte, la memoria siempre está ahí para amargar o endulzar los momentos más claves de nuestra vida. Una extensa recopilación de experiencias, triunfos y caídas que revisamos de forma mucho más constante de lo que nosotros pensamos. Los recuerdos siempre están en nuestro cerebro como si fuera un armario. La ropa que hemos usado más recientemente está colgada, lista para volverse a usar, pero si revolvemos ese vestidor, podemos encontrarnos con harapos de nuestra infancia o esos pequeños lapsus de memoria que, una vez que los replanteas, te das cuenta de su verdadera talla. La memoria es sumamente poderosa. Es capaz de echar atrás al hombre más valiente, permite conocernos y que nos conozcan, nos da esos sentimientos que tantas veces nos han hecho retorcernos en nuestros colchones enjugados de saladas lágrimas, nos aporta esa esencia única e intransferible que nos define no solo como personas, sino cómo es uno mismo.
La memoria sabe jugar, sabe reír, nos conoce mejor que nadie, mejor que nosotros mismos, ya que es la única que comprende todo por lo que hemos pasado. La memoria es consejera, y a la vez traicionera. Compañera y enemiga. Va con nosotros siempre, aunque otras nos gustaría olvidarnos de ella. Moldea nuestro YO, y sin embargo necesitamos apartarla para alcanzar nuestras "metas". La memoria es inescrutable, y a la vez increíblemente imprecisa. Es un misterio. Una incógnita infinita de esas que cuanto más profundizas, más lejos estás de su sentido. La acepción de un diccionario jamás podrá englobar todo su significado, pero todos sabemos lo que es. Ahora, coge una percha de tu armario y cuelga este texto en algún rincón de él. No me importa dónde, solo quiero que permanezca ahí, para que te lo pruebes de cuando en cuando mientras coqueteas con el espejo de tu habitación preguntándote si te valdrá o no, si es cierto lo que digo o no. Solo eso, solo guárdalo en esa infinita y confusa memoria.
sábado, 10 de enero de 2015
LO QUE CUESTA PENSAR UN POQUITO...
Aún no entiendo qué tiene esta época de "siglo XXI". El ser humano ha estado luchando contra la ignorancia desde siglos, e incluso milenios, dando pequeños pasos que luego suponen grandes saltos en la Historia, todo gracias a algo que estamos olvidando: pensar. Un hábito que las personas hemos ido adquiriendo desde las primeras civilizaciones de la Antigüedad hasta el día de hoy, pasando por muchos grandes pensadores que han dedicado su vida a eso, a pensar, a razonar sobre todo aquello que les rodeaba, aportando su granito de arena a la humanidad. Sin embargo, a día de hoy las personas hemos descubierto tantas cosas, aunque nos quedan otras tantas por ver, que ya no urge tanto la necesidad de pensar, y mucho menos su atractivo.
¿Para qué pensar si tenemos modas que nos dicen cómo llevar nuestra rutina? ¿Para qué pensar si tenemos superiores que mueven nuestros hilos como marionetas? ¿Para qué pensar si tenemos un mundo que ya elige por nosotros qué camino seguir? La comodidad y la pereza, dos grandes defectos unidos, son los culpables de que nadie quiera pensar. Como he dicho antes: ¿para qué ESFORZARNOS en pensar si tenemos esquemas que nos dicen cómo TENEMOS que ser, no cómo QUEREMOS serlo? Aunque con tal de ahorrarse cinco minutos de esfuerzo mental, merece la pena, ¿no es así?
Estamos en un mundo que de igual forma fomenta el pensar y el conocer, propicia más aún la vagancia y el estar tumbado en el sofá de casa, más pendiente de lo que le acontece al exterior que a uno mismo. No pido con esto que ahora los más de siete mil millones de personas del mundo se conviertan en Sócrates, Da Vinci o Einstein. Solo pido que, aquellos que estén de acuerdo conmigo, gasten únicamente 5 o 10 minutos al día para pararse y pensar. En el trabajo, en un hueco libre por la mañana, antes de dormirse uno mientras se está acostado en la cama... no importa ni el dónde, ni el cuándo, ni el qué, solo hacerlo, solo PENSAR; que por muy mal que lo pintan las modas y la gente de hoy, comerse el coco cinco minutos al día no resulta tan malo después de todo...
¿Para qué pensar si tenemos modas que nos dicen cómo llevar nuestra rutina? ¿Para qué pensar si tenemos superiores que mueven nuestros hilos como marionetas? ¿Para qué pensar si tenemos un mundo que ya elige por nosotros qué camino seguir? La comodidad y la pereza, dos grandes defectos unidos, son los culpables de que nadie quiera pensar. Como he dicho antes: ¿para qué ESFORZARNOS en pensar si tenemos esquemas que nos dicen cómo TENEMOS que ser, no cómo QUEREMOS serlo? Aunque con tal de ahorrarse cinco minutos de esfuerzo mental, merece la pena, ¿no es así?
Estamos en un mundo que de igual forma fomenta el pensar y el conocer, propicia más aún la vagancia y el estar tumbado en el sofá de casa, más pendiente de lo que le acontece al exterior que a uno mismo. No pido con esto que ahora los más de siete mil millones de personas del mundo se conviertan en Sócrates, Da Vinci o Einstein. Solo pido que, aquellos que estén de acuerdo conmigo, gasten únicamente 5 o 10 minutos al día para pararse y pensar. En el trabajo, en un hueco libre por la mañana, antes de dormirse uno mientras se está acostado en la cama... no importa ni el dónde, ni el cuándo, ni el qué, solo hacerlo, solo PENSAR; que por muy mal que lo pintan las modas y la gente de hoy, comerse el coco cinco minutos al día no resulta tan malo después de todo...
CAPRICHOS DEL TIEMPO
Cuan caprichoso puede ser el tiempo.
Tempus fugit...pero a su manera.
Igual se hace tan larga la espera
que pasa tan ligera como el viento.
Tempus fugit...pero a su manera.
Igual se hace tan larga la espera
que pasa tan ligera como el viento.
Por la culpa de sus antojos cuento
las vagas horas por perecederas,
y los segundos andan como si fueran
años aletargados y lentos.
las vagas horas por perecederas,
y los segundos andan como si fueran
años aletargados y lentos.
Pero cuando es precisa la demora
el reloj de mí se viene burlando
consumiendo los días y las horas.
el reloj de mí se viene burlando
consumiendo los días y las horas.
Lo mismo corre que va rezagando;
tanto alude a la prisa, tanto la ignora,
y así es como el tiempo se va pasando.
tanto alude a la prisa, tanto la ignora,
y así es como el tiempo se va pasando.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)