sábado, 17 de enero de 2015

LA PERFECCIÓN INCLUYE SUS "DESPERFECTOS"

Me siento privilegiado por este don que me ha dado Dios con el cual puedo ver donde solo aquellos que poseen la misma gracia que yo somos capaces de atisbar. Ser capaz de mirar más allá de las máscaras de la gente y tener el valor de criticar la ideologías que la sociedad ha ido materializando con el paso de los siglos. Pero eso no se podría llegar a realizar de no ser por nuestra ignorancia humana, nuestra característica capacidad de adaptarnos a la comodidad y a la facilidad, aunque ello suponga de deshacernos del ínfimo haz de humanidad y cordura que todos, por nuestra condición de personas, llevamos dentro. Todos codiciamos esa comodidad circular que envuelve el evitar moverse, evitar saber (ya que cuanto más conoces, más inquieta es tu mente) y por último y más importante, evitar pensar. Vamos tras una deidad de perfección que acrecienta nuestro lado oscuro y esconde a nuestro verdadero yo. Somos así de avaros. Solo nos vale la perfección, y ya que no somos capaces de ser perfectos por nosotros mismos, buscamos a alguien que cumpla esos ideales que tenemos por "perfección", pero, siendo como somos, buscamos esa perfección en forma de máscara (todo máscaras... allí, allá... no nos las quitamos de encima). Entendemos la perfección como aquello que no tiene mancha ni grieta alguna, a aquello que nunca falla y aquello que conoce el error o el defecto. Mal. Otra vez mal. Una muestra más de la ignorancia que hemos conseguido adquirir (a pesar de estar en "el siglo XXI"). La propia perfección nos dice lo equivocados que estamos. Sí, la perfección es la perfección. La perfección es inmaculada, impoluta, lo tiene todo... y como tal, debe tener desperfectos. La perfección está, contradictoriamente, envuelta de defectos los cuales hay que saber aceptar. A la gente le aterra esto, es normal, pero es la verdad. La perfección va acompañada de fallos y errores, ya que los errores nos definen cómo somos. Es lioso y muy controvertido, pero como he dicho, es así. Para alcanzar la perfección hay que asumir que hay que atravesar baches, malos tragos, que para coger una rosa hay que pincharse con las espinas. Todos erramos, queramos o no. Y si no somos capaces de asumirlo es que nos queda mucho por aprender.

No hay comentarios:

Publicar un comentario