domingo, 25 de enero de 2015

UNA CARTA DE AMOR, COMO OTRAS MUCHAS

Buenos días, princesa:

Espero que no te moleste que te escriba en una simple hoja de cuaderno, pero es tan grande la urgencia que tengo en escribirte que gasto litros de tinta por ti en cada folio que veo en blanco. Esta hoja es solo una de las muchas víctimas que han muerto apuñaladas por el trazo de mis plumas o ahogadas por océanos de tinta inspirados por ti. Eres la musa que incita mi imaginación, el más maravilloso de mis recuerdos, el alentador fragor que arría mis alas de risueño. Tú cuidas del niño que siempre he tenido dentro y le has cogido de la mano para que cruce por la Avenida de las Tinieblas. Te camuflas en mis letras de enamorado. En las comas de tus guiños coquetos, en los puntos de tus ojos azabache, en el paréntesis de tu sonrisa... Iluminaste mis mañanas con tu amanecer, y ahora solo se pueden apagar con tu ocaso. Eres la curva de mis labios, el brillo de mi mirada parda, esa oración que creía muda que cada noche rezaba a un Dios que creía sordo. Una esperanza tan viva como ilusoria... Te amo al vals de tus latidos, tu respiración marca mis pensamientos y siento más tu vida que a mis huesos. Eres, en definitiva, el haz de luz que hace brillar a mi verdadero yo. Esta es, como las otras tantas que te envié y que te enviaré, una simple carta de amor que necesitaba mandarte. Un vestigio escrito de esos sentimientos que nunca han dejado de aflorar de mi interior. Una prueba de lealtad y sinceridad, y una buena manera para clamar al mundo entero todo lo que siento por ti. Como estas palabras habrán muchas más. Seguirán emanando de mi imaginación estas letras de enamorado, ese canto de aleluya, esa voz entrecortada por tus besos... Gracias por dejarme ser un niño, princesa, gracias por dejarme soñar. Gracias por hacerme creer que la felicidad que pintaban los cuentos de pequeño era real. Gracias por, yendo al grano, TODO.

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