La verdad, tenía ganas de escribir sobre este tema, ya que desde que empezaron a salir a la luz los primeros afectados por la "Ley Mordaza" no he parado de darle vueltas a la cabeza al respecto. Sé que la temática de este post encajaría mejor en la nueva sección de Política y sociedad o incluso en la de Rincón de pensar, pero digamos que lo que expresaré a continuación, más que un ensayo, es una idea, una opinión que además me gustaría debatirla con vosotros en los comentarios, mientras que las entradas de las demás secciones tienen más, al menos para mí, una finalidad de autorreflexión y crítica. Y sí, como ya habréis deducido nada más leer el título, quisiera hablaros hoy sobre mi opinión respecto a la libertad de expresión.
La libertad de expresión es, explicado grosso modo, un derecho que se refleja en el artículo 20 de la Constitución y, más importante aún, en el decimonoveno de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y según el cual todo individuo es libre de poder expresar sus ideas y pensamientos a los demás de forma pública, sin miedo a represalias o represiones legales, como sucedía en muchos gobiernos del siglo XX. Este es, para muchas personas, uno de los derechos más importantes de los que disponemos, y uno de los elementos principales de toda democracia. Entonces, si tan imprescindible y tan esencial es, ¿qué debate es posible abrir respecto a la libertad de expresión?
Muy sencillo: la propia expresión. Una libertad absoluta de expresión implica que también puedan manifestarse determinados movimientos, muchos de los cuales están en auge en los últimos años, basados en la violencia, la homofobia, xenofobia, y cualquier forma de discriminación en sus ideologías. Véase, por ejemplo, los movimientos neonazis, que, fieles a sus precursores, promueven entre otras muchas barbaridades el antisemitismo; la aún existente Falange Española y movimientos de ultraderecha que promueve la discriminación de la mujer y la homofobia, y demás acciones de ultras, tanto de derechas como de izquierdas, que ayudan a perpetuar la violencia en la sociedad. Cualquiera podría decir que lo más fácil es ignorarlos o educar a las siguientes generaciones para que lo hagan, pero me extraña que viviendo en la España de "charanga y pandereta" en la que vivimos la gente no sepa que estos grupos aprovechan la ignorancia del pueblo, ya que, aunque venga un hombre clamando a los cielos que hay que exterminar a todos los inmigrantes del país o esclavizarlos, si el tío acaba su discurso diciendo "¡Viva España, el Rey, el vino y los toros!" unas tres veces, ya tiene a la mayoría de sus oyentes lamiéndole los pies.
Y ese es el principal y prácticamente único problema presente en la libertad de expresión: la posibilidad de que grupos de índole discriminatoria y violenta tengan la oportunidad de expandirse y aposentarse en la sociedad, como podemos ver en países como Austria, Grecia, o en España mismo. Entonces, lanzo una pregunta: ¿Qué es lo más justo y adecuado? ¿Permitir una plena libertad de expresión o limitarla a aquellos movimientos que fomenten la violencia y la discriminación? Yo, personalmente, apuesto por lo segundo, igual que a lo mejor muchos de vosotros también, pero asumir esta segunda opción conlleva a otro problema, y es que la pregunta de antes pasaría a ser una paradoja, es decir, una pregunta sin solución determinada, ya que si no le permitimos expresarse a determinadas ideologías, sería discriminar a los discriminadores, lo que nos convertiría a nosotros también en discriminadores y nos contradiríamos a nosotros mismos.
¿Cuál es para vosotros lo más justo y lo que garantiza más el valor de la libertad de expresión? ¿Prohibir la existencia de movimientos violentos y discriminatorios o respetar también su decisión aun a costa de que puedan penetrar y difundirse en la sociedad? Espero ver cuáles son vuestras opiniones, y me comprometo también a intervenir si surgiera algún debate. Gracias por leerme una vez más y hasta la próxima.
¡Hola! No hay mucho que contar sobre mí o sobre mi blog. Soy solo un chico normal (o no tan normal) que desea compartir su opinión del mundo con el mundo. Mi blog es un lugar para relajarse cinco minutos al día, pensar y meditar profundamente sobre todo aquello que nos rodea, mirándolo desde perspectivas que no tendemos a imaginar. También es un punto de partida para un pequeño gran sueño... ¿Cuál es? ¡Entrad en mi blog y mirarlo! Eso sí; comentad, recomendad, ¡y no dejéis de visitar mi página!
lunes, 25 de julio de 2016
miércoles, 6 de julio de 2016
martes, 5 de julio de 2016
¡VIVA FRANCO!
No. No habéis leído mal. Efectivamente, el título de esta entrada dice "¡Viva Franco!". Y es que ese hombre que estuvo gobernando España con mano de hierro durante treinta y seis años nos ha enseñado muchas cosas a este país y a su gente, aunque, a día de hoy, parece que un gran porcentaje de la población no es capaz de verlo. Tal y como he mencionado, Franco nos ayudó a comprender una cosa muy importante: cuán lejos puede llegar la crueldad humana yendo de la mano de la ignorancia y la intolerancia. Obviamente, para hablar de crueldad podría hablar de otros dictadores, como Hitler o Pinochet, pero hablo de Franco porque es el ejemplo más cercano que tenemos en España, pero no se queda corto.
Aunque sí se fue moderando la situación con el paso de los años, en sus últimas etapas, lo preocupante fue lo que se hizo en los primeros años de la dictadura, y algunos otros aspectos que se extendieron hasta la muerte del gallego. Entre estas, podemos encontrar las carencias alimenticias de las cartillas de racionamiento muy por debajo de la normalidad nutricional, sobre todo para la población media-baja, que se veía forzada a acudir al mercado negro para subsistir. También encontramos a los muy poco mencionados campos de concentración (sí, semejantes a esos que usaban los nazis para recluir a los judíos. Esos mismos.), de los cuales hay documentados más de 180 (no me olvido de los campos de concentración republicanos, que también existieron, pero estos fueron, desde luego, en una más que menor cantidad y hasta el fin de la guerra, mientras que los del bando "nacional" continuaron hasta 1947), y, hablando de los estragos y prohibiciones que se alargaron hasta el fin del Franquismo, podemos encontrar una férrea censura de prensa y de libertad de expresión, la instauración del machismo en la sociedad española apoyado por la imposición del catolicismo como única religión del país, prohibiéndose la práctica de cualquier otra, y el asentamiento de la homofobia y la intolerancia y represión a cualquier mentalidad política que no coincidiese con la de la FET y de las JONS, lo cual favoreció a la aparición de organizaciones de forma clandestina, como la actual Comisiones Obreras.
El gran párrafo que os acabo de soltar no es más que un breve resumen de lo que Franco nos enseñó que no se debe ni puede hacer. Oprimir al pueblo, a las personas, y quitarles sus derechos. Ahora viene una de mis partes favoritas, en la que la gente me empieza a tachar de comunista sólo por detractar a la política del Caudillo, pero no por hacerlo tengo que ser un "rojo". Esta idea surge de la puñetera polarización política en la que o eres del Barça o eres del Madrid, pero no tienes opción de ser del Sevilla, del Atlético o de cualquier otro equipo o, en este caso, política. Ya os puedo asegurar que no, no me identifico con la ideología del martillo y la hoz. Entonces, ¿por qué comentar algo que está más que posado en la memoria popular? Porque, como comenté al principio, no muchos son capaces de verlo, pero Franco nos enseñó que lo que vendría después, aunque desde luego, en una ínfima medida, no sería tan distinto.
Y es que me hace gracia cuando la gente cataloga a esta época de España como "la Democracia" o "Transición democrática", dándole el nombre y el apellido de algo que es irreal o, mejor dicho, incompleto. Llamamos "Democracia" a una época en la que aún perduran el machismo, la violencia de género y los sueldos de las mujeres por debajo de los hombres; llamamos "Democracia" a un país en el que no se termina de implementar la libertad de expresión, ya que, por ejemplo, uno no puede quejarse o criticar a la Monarquía y en la que se consiente la existencia de la Ley de Seguridad Ciudadana, más conocida como "Ley Mordaza". Apellidamos de "democrática" a una Transición que mantiene y favorece a una reducida oligarquía como ya se hacía en el siglo XIX. Una Transición en la que, aunque está establecido el sufragio universal, solo se permite votar cada cuatro años a unos representantes que podrán hacer con ese voto, con esa confianza, lo que quieran, incluso perjudicar a sus propios votantes si quisieran, ignorando por completo la opinión y voz del pueblo, y, por lo tanto, ignorando la soberanía nacional que le da el poder al pueblo, cuando, seamos sinceros, el pueblo ni puede ni quiere hacer nada. Porque, si quisiera, cambiarían las cosas. Y, además, muchos políticos se oponen a esta verdadera soberanía nacional. Para demostrarlo, quisiera enunciar la "perlita" que Pedro Sánchez soltó sobre el "Brexit": Los referendos trasladan a la ciudadanía problemas que tienen que solucionar los políticos. Ahí lo llevas.
Tal y como hice con el segundo párrafo, éste de aquí arriba no es más que un resumen. Todavía podría hablar de muchas más cosas, como, igual que mencioné en el párrafo del Franquismo, el lugar de la religión en el Estado, el cual, aunque se muestra "aconfesional", sigue pagando y mostrándose a favor del catolicismo, obviando al resto de creencias, o incluso discriminándolas socialmente, sin terminar de separar la Iglesia del Estado. El problema del nombre y el apellido de "Democracia" es que éste se usa con valor relativo ya que, las cosas como son, comparado con la dictadura del Generalísimo, lo que vivimos desde hace más de 40 años es una democracia, pero sólo si lo comparamos. Tiene el valor de democracia cuando se aplica en relativo, pero no cuando se aplica a sí mismo, en valor absoluto. Esto tiene un nombre, que me gustó mucho y que no todos osan aceptar, que es el de "Gobierno representativo", no de "Democracia". Por eso, reitero una vez más lo que dice el título de esta entrada, ¡viva Franco! Porque gracias a la huella que dejó podemos ser conscientes de lo mucho que nos queda para vivir en una sociedad y mundo justos y verdaderamente democráticos.
Aunque sí se fue moderando la situación con el paso de los años, en sus últimas etapas, lo preocupante fue lo que se hizo en los primeros años de la dictadura, y algunos otros aspectos que se extendieron hasta la muerte del gallego. Entre estas, podemos encontrar las carencias alimenticias de las cartillas de racionamiento muy por debajo de la normalidad nutricional, sobre todo para la población media-baja, que se veía forzada a acudir al mercado negro para subsistir. También encontramos a los muy poco mencionados campos de concentración (sí, semejantes a esos que usaban los nazis para recluir a los judíos. Esos mismos.), de los cuales hay documentados más de 180 (no me olvido de los campos de concentración republicanos, que también existieron, pero estos fueron, desde luego, en una más que menor cantidad y hasta el fin de la guerra, mientras que los del bando "nacional" continuaron hasta 1947), y, hablando de los estragos y prohibiciones que se alargaron hasta el fin del Franquismo, podemos encontrar una férrea censura de prensa y de libertad de expresión, la instauración del machismo en la sociedad española apoyado por la imposición del catolicismo como única religión del país, prohibiéndose la práctica de cualquier otra, y el asentamiento de la homofobia y la intolerancia y represión a cualquier mentalidad política que no coincidiese con la de la FET y de las JONS, lo cual favoreció a la aparición de organizaciones de forma clandestina, como la actual Comisiones Obreras.
El gran párrafo que os acabo de soltar no es más que un breve resumen de lo que Franco nos enseñó que no se debe ni puede hacer. Oprimir al pueblo, a las personas, y quitarles sus derechos. Ahora viene una de mis partes favoritas, en la que la gente me empieza a tachar de comunista sólo por detractar a la política del Caudillo, pero no por hacerlo tengo que ser un "rojo". Esta idea surge de la puñetera polarización política en la que o eres del Barça o eres del Madrid, pero no tienes opción de ser del Sevilla, del Atlético o de cualquier otro equipo o, en este caso, política. Ya os puedo asegurar que no, no me identifico con la ideología del martillo y la hoz. Entonces, ¿por qué comentar algo que está más que posado en la memoria popular? Porque, como comenté al principio, no muchos son capaces de verlo, pero Franco nos enseñó que lo que vendría después, aunque desde luego, en una ínfima medida, no sería tan distinto.
Y es que me hace gracia cuando la gente cataloga a esta época de España como "la Democracia" o "Transición democrática", dándole el nombre y el apellido de algo que es irreal o, mejor dicho, incompleto. Llamamos "Democracia" a una época en la que aún perduran el machismo, la violencia de género y los sueldos de las mujeres por debajo de los hombres; llamamos "Democracia" a un país en el que no se termina de implementar la libertad de expresión, ya que, por ejemplo, uno no puede quejarse o criticar a la Monarquía y en la que se consiente la existencia de la Ley de Seguridad Ciudadana, más conocida como "Ley Mordaza". Apellidamos de "democrática" a una Transición que mantiene y favorece a una reducida oligarquía como ya se hacía en el siglo XIX. Una Transición en la que, aunque está establecido el sufragio universal, solo se permite votar cada cuatro años a unos representantes que podrán hacer con ese voto, con esa confianza, lo que quieran, incluso perjudicar a sus propios votantes si quisieran, ignorando por completo la opinión y voz del pueblo, y, por lo tanto, ignorando la soberanía nacional que le da el poder al pueblo, cuando, seamos sinceros, el pueblo ni puede ni quiere hacer nada. Porque, si quisiera, cambiarían las cosas. Y, además, muchos políticos se oponen a esta verdadera soberanía nacional. Para demostrarlo, quisiera enunciar la "perlita" que Pedro Sánchez soltó sobre el "Brexit": Los referendos trasladan a la ciudadanía problemas que tienen que solucionar los políticos. Ahí lo llevas.
Tal y como hice con el segundo párrafo, éste de aquí arriba no es más que un resumen. Todavía podría hablar de muchas más cosas, como, igual que mencioné en el párrafo del Franquismo, el lugar de la religión en el Estado, el cual, aunque se muestra "aconfesional", sigue pagando y mostrándose a favor del catolicismo, obviando al resto de creencias, o incluso discriminándolas socialmente, sin terminar de separar la Iglesia del Estado. El problema del nombre y el apellido de "Democracia" es que éste se usa con valor relativo ya que, las cosas como son, comparado con la dictadura del Generalísimo, lo que vivimos desde hace más de 40 años es una democracia, pero sólo si lo comparamos. Tiene el valor de democracia cuando se aplica en relativo, pero no cuando se aplica a sí mismo, en valor absoluto. Esto tiene un nombre, que me gustó mucho y que no todos osan aceptar, que es el de "Gobierno representativo", no de "Democracia". Por eso, reitero una vez más lo que dice el título de esta entrada, ¡viva Franco! Porque gracias a la huella que dejó podemos ser conscientes de lo mucho que nos queda para vivir en una sociedad y mundo justos y verdaderamente democráticos.
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