Esta poesía está dedicada a las víctimas y testigos de los atentados del 13-N en París. Que en paz descansen los difuntos, y que en paz puedan dormir los parisinos. También queda advertir que el soneto está a falta de remodelar, así que se cambiará esta poesía en cuanto se corrija.
El miedo alumbró la ciudad de las luces
la noche en la que cuatro rayos cayeron,
y las llamas y los truenos consumieron
todos los llantos, lágrimas y voces.
La negra luna castigó a las cruces
manchando de rojo allá donde fueron
mientras el miedo y la muerte impusieron,
fieles a la oscuridad en que relucen.
La férrea torre erró en su vigía
llegando la muerte a todos sus rincones,
mientras ésta, maliciosa, se reía.
No obviaremos las funestas emociones,
pues lo que ocurrió aquel oscuro día
no lo podrán olvidar nuestros corazones.