martes, 5 de julio de 2016

¡VIVA FRANCO!

No. No habéis leído mal. Efectivamente, el título de esta entrada dice "¡Viva Franco!". Y es que ese hombre que estuvo gobernando España con mano de hierro durante treinta y seis años nos ha enseñado muchas cosas a este país y a su gente, aunque, a día de hoy, parece que un gran porcentaje de la población no es capaz de verlo. Tal y como he mencionado, Franco nos ayudó a comprender una cosa muy importante: cuán lejos puede llegar la crueldad humana yendo de la mano de la ignorancia y la intolerancia. Obviamente, para hablar de crueldad podría hablar de otros dictadores, como Hitler o Pinochet, pero hablo de Franco porque es el ejemplo más cercano que tenemos en España, pero no se queda corto.

Aunque sí se fue moderando la situación con el paso de los años, en sus últimas etapas, lo preocupante fue lo que se hizo en los primeros años de la dictadura, y algunos otros aspectos que se extendieron hasta la muerte del gallego. Entre estas, podemos encontrar las carencias alimenticias de las cartillas de racionamiento muy por debajo de la normalidad nutricional, sobre todo para la población media-baja, que se veía forzada a acudir al mercado negro para subsistir. También encontramos a los muy poco mencionados campos de concentración (sí, semejantes a esos que usaban los nazis para recluir a los judíos. Esos mismos.), de los cuales hay documentados más de 180 (no me olvido de los campos de concentración republicanos, que también existieron, pero estos fueron, desde luego, en una más que menor cantidad y hasta el fin de la guerra, mientras que los del bando "nacional" continuaron hasta 1947), y, hablando de los estragos y prohibiciones que se alargaron hasta el fin del Franquismo, podemos encontrar una férrea censura de prensa y de libertad de expresión, la instauración del machismo en la sociedad española apoyado por la imposición del catolicismo como única religión del país, prohibiéndose la práctica de cualquier otra, y el asentamiento de la homofobia y la intolerancia y represión a cualquier mentalidad política que no coincidiese con la de la FET y de las JONS, lo cual favoreció a la aparición de organizaciones de forma clandestina, como la actual Comisiones Obreras.

El gran párrafo que os acabo de soltar no es más que un breve resumen de lo que Franco nos enseñó que no se debe ni puede hacer. Oprimir al pueblo, a las personas, y quitarles sus derechos. Ahora viene una de mis partes favoritas, en la que la gente me empieza a tachar de comunista sólo por detractar a la política del Caudillo, pero no por hacerlo tengo que ser un "rojo". Esta idea surge de la puñetera polarización política en la que o eres del Barça o eres del Madrid, pero no tienes opción de ser del Sevilla, del Atlético o de cualquier otro equipo o, en este caso, política. Ya os puedo asegurar que no, no me identifico con la ideología del martillo y la hoz. Entonces, ¿por qué comentar algo que está más que posado en la memoria popular? Porque, como comenté al principio, no muchos son capaces de verlo, pero Franco nos enseñó que lo que vendría después, aunque desde luego, en una ínfima medida, no sería tan distinto.

Y es que me hace gracia cuando la gente cataloga a esta época de España como "la Democracia" o "Transición democrática", dándole el nombre y el apellido de algo que es irreal o, mejor dicho, incompleto. Llamamos "Democracia" a una época en la que aún perduran el machismo, la violencia de género y los sueldos de las mujeres por debajo de los hombres; llamamos "Democracia" a un país en el que no se termina de implementar la libertad de expresión, ya que, por ejemplo, uno no puede quejarse o criticar a la Monarquía y en la que se consiente la existencia de la Ley de Seguridad Ciudadana, más conocida como "Ley Mordaza". Apellidamos de "democrática" a una Transición que mantiene y favorece a una reducida oligarquía como ya se hacía en el siglo XIX. Una Transición en la que, aunque está establecido el sufragio universal, solo se permite votar cada cuatro años a unos representantes que podrán hacer con ese voto, con esa confianza, lo que quieran, incluso perjudicar a sus propios votantes si quisieran, ignorando por completo la opinión y voz del pueblo, y, por lo tanto, ignorando la soberanía nacional que le da el poder al pueblo, cuando, seamos sinceros, el pueblo ni puede ni quiere hacer nada. Porque, si quisiera, cambiarían las cosas. Y, además, muchos políticos se oponen a esta verdadera soberanía nacional. Para demostrarlo, quisiera enunciar la "perlita" que Pedro Sánchez soltó sobre el "Brexit": Los referendos trasladan a la ciudadanía problemas que tienen que solucionar los políticos. Ahí lo llevas.

Tal y como hice con el segundo párrafo, éste de aquí arriba no es más que un resumen. Todavía podría hablar de muchas más cosas, como, igual que mencioné en el párrafo del Franquismo, el lugar de la religión en el Estado, el cual, aunque se muestra "aconfesional", sigue pagando y mostrándose a favor del catolicismo, obviando al resto de creencias, o incluso discriminándolas socialmente, sin terminar de separar la Iglesia del Estado. El problema del nombre y el apellido de "Democracia" es que éste se usa con valor relativo ya que, las cosas como son, comparado con la dictadura del Generalísimo, lo que vivimos desde hace más de 40 años es una democracia, pero sólo si lo comparamos. Tiene el valor de democracia cuando se aplica en relativo, pero no cuando se aplica a sí mismo, en valor absoluto. Esto tiene un nombre, que me gustó mucho y que no todos osan aceptar, que es el de "Gobierno representativo", no de "Democracia". Por eso, reitero una vez más lo que dice el título de esta entrada, ¡viva Franco! Porque gracias a la huella que dejó podemos ser conscientes de lo mucho que nos queda para vivir en una sociedad y mundo justos y verdaderamente democráticos.

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