jueves, 22 de enero de 2015

OLVIDARSE DEL PASADO

La historia de muchas personas parece estar sumida en las sombras. Todos tenemos nuestros fantasmas del pasado, esos que ni el fulgor más deslumbrante es capaz de disuadir. Pero para nuestro deber como humanos, que es encontrar la felicidad, necesitamos apartarlos de nuestro camino. Necesitamos avanzar como personas, ya que nadie nace perfecto. Desde pequeños nos marcan esos defectos y momentos concretos que un uno carga durante toda su vida; pero irónicamente, somos nosotros mismos los únicos capaces de dejarlos atrás. Debes saber cuándo parar, cuándo darte por vencido, cuándo saber que has perdido esa batalla en la que te estás jugando todo sin tener por qué. Si no entras en esa razón, no se puede seguir adelante, y serás pasto de algo tan inverosímil y complejo como es el pasado. Te alimentarás del plato vacío de tus recuerdos, que no podrás cambiar más que en tu imaginación, y poco a poco serás consumido por el translúcido velo de la memoria, que empezará a volver cada vez más opaco trastocando tus recuerdos hasta llegar incluso más allá de tu futuro. Correrás siempre en el sentido de un reloj sin agujas, guiándote en una noche sin estrellas en busca de la luz artificial de una linterna que se apaga y enciende según marquen los viles antojos de tu pasado. Déjalo todo atrás, y céntrate en quién eres hoy y hacia dónde quieres llegar. Todo lo que acabó en el pasado no podrá volver a empezar; por muchas estrellas fugaces a las que le pidas auxilio, por mucho aliento que gastes susurrándole a Dios o al destino tus plegarias mientras te acurrucas en el colchón, aunque pasen más imágenes de nuestros amargos episodios por nuestros ojos que lo que vemos en el día a día. El pasado es el pasado por eso, porque no podemos volver atrás y cambiar nuestras decisiones. Además, si pudiéramos perdería su gracia, ya que alcanzamos a ser quienes somos por todas esas hostias que nos hemos metido a lo largo de nuestra vida que nos han hecho abrir poco a poco los ojos, aunque a algunos les haga falta algo de ayuda. Lo malo es cuando ya se ha echado el ancla en el pasado. Cuando coges esas gafas de sol del mercadillo con las que no ves más allá de la punta de tu nariz. Cuando parece que estás en un rollo de esos del espacio-tiempo, en un bucle infinito que reproduce una y otra vez la misma historia en tu cabeza en vez de grabar las que vivimos en el presente. Simplemente, cuando no ves. Cuando no escuchas más que la endeble voz de los títeres de tus recuerdos en vez de la que te grita pegado al oído mientras te sumes en ellos. Esos que dicen que viven de recuerdos es porque ni siquiera han intentado levantar la cabeza y ver la luz de día en vez de la oscuridad de sus noches,  los que creen que no merece la pena encauzarse hacia otro mar. A esos que solo un milagro de Dios puede salvar o ni eso. Yo fui uno de vosotros, e incluso lo sigo siendo, pero sé que hay algo ahí. Existe algo por lo que merece alzar la vista y arriesgarse a olvidar tus recuerdos más transcendentales. Solo hay que querer. 
De 'escritor' a lector. No te lo tomes como una amenaza, represalia u obligación, sino como un consejo. Por mucho que pasen los días y años, siempre estaremos a tiempo de ser felices.

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