En estas fechas tan señaladas por la carrera política del popularmente llamado 26-J, más señaladas aún que por las vacaciones de verano y demás asuntos sin importancia (nótese la ironía) como la emoción de los más pequeños al acabar otro curso escolar y el primer día de vacaciones tumbado en el sofá o, como es mi caso, la sensación de haber terminado una Selectividad (más los desdichados que se están dejando los cuernos para las oposiciones), he querido mostrar, como mucha otra gente, mi posición y pensamiento acerca de la situación política que sufre y padece el pueblo español.
No os preocupéis, no vengo a deciros que os pintéis la cara de naranja ni de violeta ni que salgáis con una rosa en el puño u os tatuéis una gaviota en la sien. Ni mucho menos. Recientemente, he adquirido mi derecho a voto (vamos, mi mayoría de edad), y todos mis cercanos me dicen lo mismo: "Entonces, ¿podrás votar en estas elecciones, no?", a lo que siempre les respondo: "Por desgracia". Desgracia. Esa es la palabra más adecuada, en mi opinión, para expresar este rocambolesco, desternillante y desastroso panorama político. Desgracia, ya que a cualquiera se le quita las ganas de votar. No menosprecio en ningún momento el derecho a sufragio, al contrario, para algo democrático que tenemos en esta "democracia", no le quito ni mucho menos el valor, pero sí que es verdad que para votar a estos candidatos, yo, personalmente, prefiero no votar a ninguno.
Los unos, por un lado, porque ya han demostrado una ineptitud colosal. Otros, porque, como dicen satíricamente, son como los interiores en el fútbol: comienzan en el centro y acaban de extremos, y los demás porque, a mi parecer, al menos, prometen un cambio que o bien es insuficiente o bien, como es ya clásico en la política española, no lo van a cumplir. Eso, por un lado. Otro aspecto que le quita a uno las ganas de votar es la puta campaña política, donde se habla de todo, menos del propio partido. ¡Tanto es así, y qué pena que sólo unos pocos se den cuenta de ello, que por no hablar de nuestra mierda de política nos vamos al otro lado del charco para ver la política de otros países! ¿Acaso no tenemos suficientes problemas aquí como para preocuparnos de otros gobiernos? Simplemente, me río por no llorar.
Y es que esto es fruto de otro gran defecto de nuestra "hermosa" política: el afán por echar toda la mierda posible a otros partidos antes de realzar el propio programa político (tal vez, es porque no tienen nada interesante que ofrecer). Siempre, en los telediarios y en la prensa, sale la misma historia: como si de un corralito de niños de parvulario se tratase, salen todos diciendo que si Fulanito ha dicho tal, que si Menganito ha hecho no se qué, que si no votéis a Jaimito porque nos va a llevar a la crisis (como si no estuviéramos ya en ella...). Total, que hace milenios que no veo a ningún político hacer alarde de su propio programa, y cuando lo hacen, sean de izquierdas, de derechas, o de lo que sea, todos dicen lo mismo: Yo traigo la democracia, el cambio y la unión del país. Con un par de huevos.
En resumen, todos, a la hora de la verdad, son iguales. Y si alguno se mereciese de verdad el voto, la sociedad arcaica y "transicional" española se encargará de que acabe ganando otro. Todo seguirá igual hasta que haya un verdadero cambio. Un cambio, como describiría el filósofo Ortega y Gasset, radical, y es que hasta que seamos nosotros, el pueblo, los que abramos los ojos, los políticos seguirán siendo la figura odiosa, falsa y maquiavélica que todos tenemos en mente, aunque, como explicaré en otra entrada, tal vez la culpa de todo esto no sea sólo de ellos, sino también del pueblo, de nosotros mismos.
¡Hola! No hay mucho que contar sobre mí o sobre mi blog. Soy solo un chico normal (o no tan normal) que desea compartir su opinión del mundo con el mundo. Mi blog es un lugar para relajarse cinco minutos al día, pensar y meditar profundamente sobre todo aquello que nos rodea, mirándolo desde perspectivas que no tendemos a imaginar. También es un punto de partida para un pequeño gran sueño... ¿Cuál es? ¡Entrad en mi blog y mirarlo! Eso sí; comentad, recomendad, ¡y no dejéis de visitar mi página!
Comparto tu opinión. Y por esta misma razón, me declaro apolítica. No voy a votar en estas elecciones, ni en las siguientes, ni en las de dentro de 20 años. No por que no me gusten los partidos “que hay” ahora mismo, ni porque esté más o menos a favor del bipartidismo, ni porque me de “pereza” y sea una desinteresada. Lo hago por el hecho de que ahora la política es más importante que las personas. “Estos del PP son unos ladrones”, “Todos los políticos son unos ladrones”, “Los de Podemos están mal de la cabeza”, “Ciudadanos es un PP descafeinado”. He escuchado todas esas cosas, tanto fuera de mi casa como dentro de la misma. ¿En qué momento surge esta necesidad de etiquetar a la gente tan desesperadamente? ¿En qué momento nos olvidamos de todo lo bueno y lo malo de cada partido político? ¿Por qué se usa tanto la coletilla de “Todos los políticos son unos ladrones”?
ResponderEliminarY sobre votar… Bueno, ya me he calentado con lo anterior, así que, de perdidos al río. Las personas que se rigen por cualquier Constitución y están al amparo de ésta tienen tanto Derechos como Deberes, aunque parece que hay gente que se ha olvidado de eso. Hoy en día, parece que ven el hecho de votar como un deber, y no un derecho. ¿Qué pasa si no votas? Te miran mal. (Sí, trístemente eso pasa, y luego surgen los comentarios de “Estás mal de la cabeza”, “Si quieres que suceda un cambio, deja el voto en blanco (Me hace mucha gracia cuando me hablan del voto en blanco) o vota al partido que más te guste”, “Es que a ti no te apetece informarte y por eso prefieres no votar directamente”) ¿En qué momento votar se ha dejado de ser un derecho y ya parece la norma general? ¿Nunca te ha pasado que has visto a un “cani”, o a alguien que no sabe ni la capital de España, y piensas “¿Y éste puede votar y su voto tiene el mismo valor que el mío?”. Más de una vez he escuchado que se tendría que hacer un examen, para ver quien está capacitado para votar y quien no. (Opino que tendrían que hacerlo, no por el ejemplo dado anteriormente, sino por todas aquellas personas mayores que probablemente no sepan ni en qué año están y las llevan a votar en masa)
En conclusión… Que ya he perdido el hilo del comentario con lo de las personas mayores. Un último punto: Esto no es ningún tipo de ataque directo hacia tu post, al contrario, me ha gustado bastante.
Muchas gracias por tu comentario, eso lo primero, ya que muestra un interés verdadero hacia, al menos, esta entrada. Luego tengo que agradecerte que no hayas decidido acribillarme con el típico comentario de "es que no sabes el valor de votar", "tú no has pasado por una dictadura, no sabes lo que supone votar", etc. ¡Claro que sé lo que significa votar! Votar significa ir a elegir a quién quieres que te represente en las Cortes (aunque sobre eso también tengo para debatir un rato largo, tal vez para otra entrada), lo cual sí que es menospreciado en este país. La gente se olvida de, como tú muy bien explicas (y se refleja en el Art. 23.1: "Los ciudadanos tiene el DERECHO a participar en los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes, libremente elegidos en elecciones periódicas por sufragio universal."), que votar no es deber, es un derecho, y si yo no me identifico con ninguno de los candidatos que hay, no tengo por qué votar forzosamente a alguien con el que me muestro en desacuerdo.
EliminarLa verdad es que de política tengo muchísimo de qué hablar, y espero poder colgar más posts sobre ello, siempre intentando respetar en la medida de lo posible a toda ideología política (no niego que emplearé la sátira como en esta entrada, es un recurso literario personal). Se ve que tú también estás interesada en el mundo del "politiqueo", y si es así, tengo una sugerencia para ti, si estás dispuesta a oírla, por supuesto.
Mi email lo tienes a tu disposición, fjavier.belar@gmail.com para cualquier cosa o simplemente para charlar. Una vez más, muchas gracias por haber decidido perder tu tiempo en leerme unos cinco minutos aunque sea. Para mí, esos cinco minutos no tienen precio. Un saludo.