jueves, 19 de febrero de 2015

LLENO DE PREGUNTAS, VACÍO DE RESPUESTAS

Todo tiene un coste en la vida. Todo. Cuando hablamos de coste pensamos en un coste económico, pero también nos encontramos con otros costes como el coste moral o el coste sentimental. Todo, como he dicho, te cuesta algo. Sin embargo, tomamos la palabra "costar" como si fuera "pagar por algo", pero no, más bien es "dejar por algo". Parece una diferencia ínfima, pero "pagar por algo" parece como si estuvieras obligado a dar ese coste para obtener lo que quieres, como quien dice de pagar un impuesto. Mientras, "dejar por algo" es más voluntario, es como si estuvieras dispuesto a sacrificar ese coste para aquello que quieres conseguir. Al fin y al cabo, no consigues olvidar a ese/esa que fue tu amor especial sin sufrir un poco antes, ni consigues distanciarte de un buen amigo (por cualquier circunstancia) sin tener que repasar todos los recuerdos que habéis hecho.

Cada coste va relacionado con el corazón y el cerebro. Siempre. El coste económico o material va asociado con el cerebro, el sentimental con el corazón y el moral se encuentra en un punto intermedio entre ambos. Además, hay un coste bastante curioso, el cultural, que se paga con sí mismo. Cuando uno aprende algo, le surgen más preguntas sobre lo que le rodea. Más que cultural, es un coste que se encuentra en todas las decisiones. ¿Merece la pena" hacer esto" por "dejar atrás lo otro"? En esa pregunta se encuentran globalizados todos los tipos de coste o interrogantes existentes, que es en esta pregunta en la que se basan.

De igual manera que existe una pregunta global para todas las decisiones, existe también un resultado final común en toda respuesta: una pregunta más. Toda respuesta amplía los conocimientos de la mente y de la persona, por lo que expande también sus ganas de saber. Un ejemplo: Uno conoce que el cuerpo humano está formado por varios sistemas o aparatos (digestivo, circulatorio...). Al pensar qué función hace cada uno obtiene una respuesta. Luego se pregunta cómo puede ser posible cada función y tiene de respuesta los tejidos. Se pregunta luego de qué están formado los tejidos, y descubre la célula... Y así sucesivamente. 

Cuanto más conoce uno de algo, más preguntas le surgen. Somos una fuente infinita de curiosidad a la cuál animo a alimentar. Tenemos una cualidad única en lo que a pensamiento se refiere, y me sorprende ver cómo estamos desperdiciando este don. Todos estamos llenos de preguntas por el hecho de existir, y también estamos vacíos de respuestas por el hecho de ser personas y equivocarnos. Sin embargo, ya no nos esforzamos en pensar, ni nos atrae la idea de una ideología contrapuesta a la actual ya que esta nos da toda la comodidad que queremos. Aún así, reitero una vez más, no quisiera dejar de alimentar a esa fuente de ideas que llevamos dentro, ya que es lo que nos da esa pizca de humanismo, y sin ese humanismo solo alcanzamos a ser lo que la mayoría de personas son hoy día: animales.

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